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Guías Publicado el 8 de mayo de 2025 9 min de lectura

Preconcurso de acreedores: opciones reales para el empresario

Has comunicado el preconcurso — o está a punto de hacerlo. El reloj marca tres meses. Este artículo explica en lenguaje claro cuáles son sus opciones reales: desde el convenio con acreedores hasta la venta a un inversor que puede entrar ahora.

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Blue Mountain Capital

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Blue Mountain Capital | | 9 min de lectura

Si está leyendo esto, probablemente sea porque ya has dado el paso de comunicar la situación de preconcurso al juzgado mercantil — o porque está valorando hacerlo en los próximos días.

El primer impulso es centrarse en el procedimiento legal: qué formularios, qué plazos, qué juzgado. Eso es necesario. Pero la pregunta más importante no es jurídica, es estratégica: ¿qué hago ahora con los tres meses que tengo?

Este artículo responde esa pregunta. No es un manual de derecho concursal — para eso están los abogados. Es una explicación práctica de las opciones reales que tiene un empresario en situación de preconcurso, escrita desde la perspectiva de quien compra y reestructura empresas en estas circunstancias.

La realidad del preconcurso

La comunicación de preconcurso al amparo del artículo 583 del Texto Refundido de la Ley Concursal (TRLC, reformado en 2022 para transponer la Directiva europea de reestructuración) otorga una moratoria de tres meses durante la cual los acreedores no pueden iniciar o continuar ejecuciones individuales. Es una ventana de tiempo para negociar.

La reforma de 2022 actualizó y amplió este mecanismo, incorporando el nuevo marco europeo de reestructuración preventiva. Pero la esencia no ha cambiado: el preconcurso es tiempo comprado. Lo que haga con ese tiempo determina si la empresa sobrevive o no.

La realidad incómoda es que tres meses parece mucho y son muy pocos. En ese plazo hay que diagnosticar la situación, diseñar un plan, negociar con acreedores y, si la opción elegida es la venta, encontrar un comprador, hacer la due diligence y cerrar la operación. No hay margen para la indecisión.

Las cuatro opciones reales

Opción 1: Plan de reestructuración con acreedores

La opción que más empresarios buscan primero: llegar a un acuerdo con los acreedores — principalmente financieros — sobre nuevas condiciones de pago. Esto puede incluir ampliación de plazos (esperas), reducción de principal (quitas), conversión de deuda en participaciones (debt-to-equity) o una combinación de los tres.

El TRLC reformado ofrece el mecanismo del plan de reestructuración homologado (artículos 617-682), que permite imponer el acuerdo incluso a acreedores disidentes si se cumplen las mayorías legales y el juez lo aprueba. Es el instrumento más potente para situaciones con estructuras de deuda complejas.

Cuándo funciona. Cuando el problema es principalmente financiero — la empresa genera EBITDA positivo pero no puede servir la deuda —, cuando los acreedores financieros son pocos y pueden negociar de forma coordinada, y cuando el empresario tiene un plan de negocio creíble que convence a los acreedores de que una quita hoy vale más que una liquidación mañana.

Cuándo no funciona. Cuando el problema no es solo financiero sino también operativo — los márgenes se deterioran, la empresa pierde dinero operativamente —, cuando los acreedores son muchos y heterogéneos, cuando la relación con los bancos está muy dañada o cuando el tiempo para negociar es insuficiente. Un plan de reestructuración bien articulado puede tardar más tiempo del que el preconcurso otorga.

Lo que el empresario debe entender: los acreedores no están obligados a aceptar condiciones que no les convengan. Para negociar con éxito, el plan tiene que demostrar que los acreedores recuperan más con el acuerdo que sin él.

Opción 2: Refinanciación con nueva deuda

En algunos casos, la solución es sustituir la deuda existente por deuda nueva en mejores condiciones: un préstamo a largo plazo que reemplaza a líneas de crédito a corto, financiación garantizada por activos de la empresa, o capital de trabajo de un nuevo acreedor que permite atender las deudas más urgentes.

Esta opción requiere que la empresa tenga activos que sirvan de garantía o que pueda presentar un plan de negocio suficientemente convincente para que un nuevo prestamista asuma el riesgo.

La limitación: en una situación de preconcurso, conseguir nueva deuda bancaria es extraordinariamente difícil. Los bancos tienen sistemas de alerta temprana que identifican las empresas en dificultades y su primera reacción suele ser reducir exposición, no aumentarla. La financiación alternativa — fondos de deuda, plataformas de crédito privado — puede ser una vía, pero es cara y requiere garantías sólidas.

Opción 3: Venta a un inversor

Esta es la opción que menos empresarios consideran inicialmente y que, en muchos casos, es la que mejor resultado da para todas las partes.

Un inversor especializado en situaciones de dificultad — un family office con experiencia en reestructuraciones, un fondo de special situations — puede adquirir la empresa durante el periodo de preconcurso. La operación puede estructurarse de distintas formas:

Compra de la totalidad de las participaciones. El inversor adquiere el 100% de la empresa, asume la gestión, aporta el capital necesario y negocia con los acreedores la reestructuración de la deuda. El precio refleja las dificultades — habitualmente muy por debajo de lo que la empresa habría valido en condiciones normales — pero el empresario evita el concurso, limita su responsabilidad personal y preserva el legado de la empresa.

Entrada como socio mayoritario con inyección de capital. El inversor suscribe una ampliación de capital que le otorga una posición de control, y los fondos obtenidos se utilizan para estabilizar la empresa y negociar con los acreedores. El empresario mantiene una participación minoritaria con opción de recuperar valor si la reestructuración tiene éxito.

Por qué esta opción puede ser la mejor. Para el empresario: evita el estigma y las consecuencias personales del concurso, mantiene la empresa en funcionamiento, preserva el empleo de sus trabajadores. Para los acreedores: recuperan más que en una liquidación concursal (donde históricamente se recupera entre el 20% y el 40% de los créditos). Para los empleados: la empresa sigue operando.

Lo que hay que entender sobre el precio. Una empresa en preconcurso no se vende al precio que habría obtenido tres años antes. El precio refleja la situación actual: la incertidumbre, el riesgo que asume el comprador, el coste de la reestructuración que tendrá que ejecutar. Comparar ese precio con el valor histórico de la empresa es comprensible emocionalmente pero destructivo para la decisión.

En Blue Mountain, cuando analizamos una empresa en situación de preconcurso, actuamos rápido: tenemos capacidad de hacer una evaluación inicial en días y de avanzar hacia una propuesta en semanas. Porque en estas situaciones, el tiempo no espera.

Opción 4: Dejar que avance al concurso

La última opción — la que nadie quiere, pero que en ocasiones es inevitable — es dejar que la situación avance al concurso de acreedores cuando el preconcurso no ha producido acuerdos.

Conviene ser muy claro sobre lo que significa esto: el 90% de los concursos en España terminan en liquidación. La empresa deja de existir. Los empleados pierden sus trabajos. Los acreedores recuperan una fracción pequeña de sus créditos. Y el empresario puede enfrentarse a responsabilidades personales si se declara culpable el concurso.

El concurso no es el final del mundo, y a veces es inevitable. Pero dejar llegar a esa situación cuando había alternativas disponibles — y no haberlas explorado — es el mayor error estratégico que puede cometer un empresario en dificultades.

El factor tiempo: por qué hay semanas, no meses

En preconcurso, cuando los empresarios dicen “tenemos tres meses”, en realidad tienen mucho menos. Así es como se consume el tiempo en un escenario de venta:

  • Semanas 1-2: Decisión estratégica, búsqueda inicial de potenciales inversores, firma de NDAs
  • Semanas 2-4: Preparación del data room básico, presentación a inversores seleccionados
  • Semanas 4-8: Due diligence acelerada por parte del inversor (financiera, legal, operativa)
  • Semanas 8-10: Negociación de términos, negociación con acreedores
  • Semanas 10-12: Documentación, firma, cierre

Eso asume que todo va bien. Si hay complicaciones — información incompleta, acreedores difíciles, contingencias descubiertas — el proceso se alarga y el plazo de tres meses puede no ser suficiente.

Por eso el primer día del preconcurso es el momento de actuar, no de esperar.

Cómo prepararse para atraer un inversor en preconcurso

Si la opción de la venta o la entrada de un inversor es la que tiene más sentido para su situación, hay cosas que puede hacer ahora mismo para maximizar las posibilidades de éxito:

Prepare la información básica. Estados financieros de los últimos tres años, previsión de tesorería a 13 semanas, mapa de deuda (quién, cuánto, vencimientos, garantías), listado de contratos clave con clientes y proveedores. Esta información es lo primero que pedirá cualquier inversor serio.

Sea transparente sobre los problemas. El inversor hará due diligence y descubrirá lo que hay. Si se ocultan problemas, la confianza se destruye y la operación fracasa. La transparencia desde el inicio no acelera el proceso: lo hace posible.

Defina sus prioridades. ¿Qué es lo que más le importa? ¿El precio? ¿La continuidad del negocio? ¿El mantenimiento del empleo? ¿Su propia participación en la recuperación? Saber qué prioriza le permite evaluar las propuestas de forma más eficaz.

Asesórese adecuadamente. Un asesor de M&A especializado en distress, un abogado concursal y, si es posible, un asesor de reestructuración financiera. El coste de este asesoramiento es real, pero la alternativa — gestionar el proceso solo en una situación de máxima complejidad — raramente termina bien.

Una reflexión final

La situación de preconcurso es una de las más duras que puede vivir un empresario. El agotamiento, la presión de los acreedores, la incertidumbre sobre el futuro de los empleados, la sensación de fracaso — todo eso es real y no debe minimizarse.

Pero también es un momento que define el legado. Los empresarios que actúan con decisión en este momento — que buscan ayuda, que son transparentes, que toman decisiones difíciles con rapidez — son los que consiguen mejores resultados para todos: para sus empleados, para sus acreedores, para ellos mismos.

El tiempo es el único recurso que no se puede recuperar. Si su empresa está en preconcurso hoy, la pregunta no es si actuar. Es cómo actuar, y con quién.

Hable con nosotros. Analizamos la situación con discreción y sin compromiso. Y si podemos ayudar, lo haremos con velocidad.


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