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Perspectiva Publicado el 25 de septiembre de 2024 8 min de lectura

Miedo a vender mi empresa: los cinco temores más frecuentes y cómo enfrentarlos

El miedo a vender una empresa es tan real como cualquier otro miedo empresarial. Pero no todos los miedos tienen la misma base. Analizamos los cinco temores más frecuentes que escuchamos de los empresarios y qué perspectiva puede ayudar a enfrentarlos.

DM

Dirk Manuel Martens Jiménez

Fundador, Blue Mountain Capital

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Dirk Manuel Martens Jiménez | | 8 min de lectura

Hay una categoría de búsqueda en internet que nos dice mucho sobre el estado emocional del empresario que se plantea vender su empresa. “Miedo a vender mi empresa.” “¿Me arrepentiré de vender?” “Qué siente un empresario después de vender.” Son búsquedas que no hace alguien que está haciendo un análisis financiero; las hace alguien que está en el centro de una lucha interna.

He escuchado versiones de esa lucha interna decenas de veces, desde el lado del comprador. Y he aprendido que el miedo a vender es, en la mayoría de los casos, un conjunto de miedos distintos mezclados bajo el mismo paraguas. Identificarlos por separado ayuda a enfrentarlos con más claridad.

Miedo 1: “¿Y si me arrepiento?”

Es el más universal. La versión que más escucho: “He visto empresarios que vendieron y luego se arrepintieron. Que dicen que fue el mayor error de su vida.”

Hay algo de verdad en esa imagen. Existen empresarios que venden y se arrepienten. Pero vale la pena analizar en qué circunstancias ocurre ese arrepentimiento.

El arrepentimiento post-venta aparece con más frecuencia cuando la venta se hizo desde el agotamiento o la urgencia, no desde la fortaleza. Cuando el empresario vendió porque no aguantaba más, porque tenía un problema urgente de liquidez, porque alguien le presionó o porque aceptó el primer precio razonable sin explorar alternativas. En esas condiciones, es fácil que después aparezca la duda: “¿Podría haber esperado? ¿Habría sacado más? ¿Habría encontrado un comprador mejor?”

La venta que se hace con tiempo, con información, con alternativas sobre la mesa y con un comprador elegido conscientemente tiene una tasa de arrepentimiento muy inferior. No porque el empresario no eche de menos su empresa — es normal que la eche de menos — sino porque entiende por qué vendió, con quién vendió y a qué precio vendió. La decisión fue suya, no de las circunstancias.

El antídoto contra el arrepentimiento no es no vender. Es vender bien: con tiempo suficiente, con la información necesaria, y desde una posición de elección real.

Miedo 2: “¿Qué pasará con mis empleados?”

Este miedo es, en mi experiencia, el más genuino. El empresario que ha construido una empresa lleva años con las mismas personas. Las ha visto crecer, ha estado en sus momentos difíciles, conoce a sus familias. La idea de que alguien externo llegue y los trate como activos prescindibles es insoportable.

Entiendo ese temor. Y por eso es importante entender qué ocurre realmente con los empleados cuando una empresa se vende.

En el segmento de empresas de 3 a 50 millones, el comprador no compra una empresa para desmantelarla. Compra un negocio que funciona porque tiene un equipo que lo hace funcionar. El equipo es, en muchos casos, el activo más valioso de lo que se compra: los clientes están con la empresa porque confían en las personas que la gestionan. Despedir a esas personas sería destruir lo que se pagó.

Lo que hemos visto en las operaciones que conocemos de primera mano: los primeros doce meses post-venta suelen ser de estabilización, no de reestructuración. El comprador aprende, el equipo se adapta, los clientes comprueban que el servicio continúa. Las salidas de personal en ese período, cuando ocurren, suelen ser voluntarias — personas que deciden que prefieren otro camino — más que despidos masivos.

Dicho esto, hay una acción concreta que el empresario puede tomar para proteger a su equipo: negociar en el contrato de compraventa compromisos explícitos sobre la continuidad del empleo. No todos los compradores aceptarán compromisos de muchos años, pero es habitual negociar un período de protección de 12 a 24 meses para el equipo directivo y para los empleados clave. Y elegir al comprador correcto — no solo al que paga más — es la mejor protección a largo plazo.

Miedo 3: “¿Destruirán lo que he construido?”

Relacionado con el anterior pero con un matiz diferente. No es el miedo a que despidan a los empleados, sino a que cambien la cultura, los valores, la forma de hacer las cosas que han hecho que la empresa funcione.

Este miedo es legítimo y merece una respuesta honesta: sí, el nuevo propietario va a cambiar cosas. Probablemente cosas que a usted le costaron años afinar. Y probablemente lo hará de formas que a usted le resultarán incómodas de ver.

Pero hay una distinción importante entre cambiar y destruir. Un comprador inteligente sabe que lo que le hace valiosa a una empresa es, en gran medida, lo que la hace diferente. No llega con un manual corporativo prefabricado para imponer. Llega con preguntas: ¿por qué los clientes eligen esta empresa? ¿Qué es lo que no se puede tocar? ¿Cuál es la esencia del negocio?

Hay también una dimensión práctica: cuanto más claro sea el empresario durante el proceso de venta sobre qué es lo que hace única a su empresa — qué es sagrado y qué puede cambiar — más probabilidades hay de que el comprador lo respete. Esa conversación es parte del proceso, no un detalle posterior.

Y hay una verdad más profunda: la empresa que usted vende ya no será exactamente su empresa. Pero tampoco tiene por qué dejar de ser excelente. Puede serlo de forma diferente, con recursos que usted no tenía, con mercados que usted no alcanzaba. Las empresas, como las personas, pueden mejorar después de una transición.

Miedo 4: “¿Estoy vendiendo demasiado barato?”

El miedo al precio es, de todos, el más racional y el más tratable. Tiene una solución directa: informarse.

El problema es que la mayoría de los empresarios que se plantean la venta de su empresa no tienen un punto de referencia claro sobre lo que vale su negocio. Han oído de un compañero que vendió “muy bien”, han leído algún artículo sobre múltiplos de EBITDA, pero no tienen una valoración seria de su propia empresa.

Sin esa referencia, cualquier oferta puede parecer alta o baja sin criterio objetivo. Y esa incertidumbre alimenta el miedo: “¿Cómo sé si el precio que me ofrecen es justo?”

La respuesta es: encárguese de tener esa información antes de recibir ninguna oferta. No para negociar con trucos, sino para saber exactamente en qué rango razonable está el valor de su empresa y por qué. Con esa información, usted puede evaluar una oferta con criterio en lugar de con intuición.

Un punto adicional sobre el precio: el empresario que vende desde una posición de urgencia (necesita el dinero, está agotado, quiere cerrar cuanto antes) obtendrá peor precio que el que vende desde una posición de calma. El tiempo es un activo en la negociación. El empresario que puede decir “si no llegamos a un precio justo, puedo esperar” tiene un poder negociador que el que tiene prisa no tiene.

Miedo 5: “¿Qué voy a hacer con mi vida?”

Este es, en mi experiencia, el más profundo y el más silenciado. El empresario que ha gestionado su empresa durante 20 o 30 años ha construido su identidad alrededor de esa empresa. Es “el de la empresa de tal”. Sus amigos son, en su mayoría, clientes, proveedores o personas que le conocen en ese rol. Su estructura diaria — las reuniones, las decisiones, los problemas que resolver — es la de su empresa.

¿Qué pasa cuando eso desaparece?

Muchos empresarios que han vendido describen los primeros meses como una especie de duelo. No por el dinero, no por el trabajo, sino por el rol. Por la sensación de ser necesario, de tener un lugar en el mundo, de que las cosas ocurren porque uno está ahí.

Ese duelo es real y legítimo. Y la mejor preparación para él no es negar que va a ocurrir sino anticiparlo y prepararse.

Hemos visto empresarios que salieron de la venta de su empresa con más energía y propósito que antes. Invirtieron en otras empresas y encontraron un rol como inversores activos que les satisfacía más que la gestión diaria. Otros empezaron a mentorar a otros empresarios y descubrieron que tenían un talento natural para ello. Otros simplemente recuperaron tiempo para su familia, para su salud, para aficiones que habían postergado durante décadas.

Lo que tienen en común los que salen bien del proceso: empezaron a pensar en el después antes del cierre. No esperaron al día después de firmar para preguntarse qué iban a hacer. Tenían respuestas provisionales, planes borrosos, conversaciones iniciadas. Ese trabajo previo, aunque sea imperfecto, hace la diferencia.

Una última reflexión sobre el miedo

El miedo antes de una decisión importante no es una señal de que la decisión sea incorrecta. Es una señal de que la decisión importa. Y pocas decisiones importan tanto como la venta de algo que ha construido durante décadas.

Lo que distingue a los empresarios que toman buenas decisiones de los que no es que los primeros no tengan miedo — todos lo tienen — sino que no dejan que el miedo los paralice. Recopilan información, hablan con personas de confianza, analizan sus opciones y toman la decisión con los ojos abiertos.

Si usted está en ese proceso, hablemos. Una conversación honesta sobre sus opciones, sus miedos y lo que podría esperar del proceso puede ser el primer paso para tomar la decisión más informada de su carrera empresarial.

Para complementar este artículo, le recomendamos nuestra guía sobre el proceso emocional de vender una empresa y el artículo sobre cómo prepararse psicológicamente para la venta. También puede consultar nuestra herramienta de valoración para obtener una primera referencia del valor de su empresa.

DM

Dirk Manuel Martens Jiménez

Fundador de Blue Mountain

Más de 15 años invirtiendo en empresas españolas con capital paciente. Especialista en sucesión empresarial, gobierno corporativo e inversión en middle-market.

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