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Guías Publicado el 5 de enero de 2024 9 min de lectura

Cómo prepararse psicológicamente para vender tu empresa: guía práctica

La preparación financiera y legal para vender una empresa tiene manuales detallados. La preparación psicológica, no. Esta guía cubre las etapas emocionales del proceso y los pasos concretos para atravesarlo con solidez.

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Blue Mountain Capital

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Blue Mountain Capital | | 9 min de lectura

Hay decenas de guías sobre cómo preparar una empresa para la venta desde el punto de vista financiero, legal y operativo. Cómo limpiar las cuentas, cómo documentar los procesos, cómo preparar la empresa para que sobreviva al fundador. Toda esa preparación es importante y necesaria.

Pero hay otra dimensión de la preparación que casi nadie menciona y que, en la práctica, determina en gran medida si la venta llega a buen puerto: la preparación psicológica. El estado mental del empresario durante el proceso. La claridad sobre sus motivaciones. La capacidad de gestionar la incertidumbre, la presión y la pérdida que inevitablemente acompañan a la venta.

Esta guía intenta cubrir ese espacio.

Por qué la preparación psicológica es tan importante como la financiera

En las operaciones de compraventa de empresa que hemos observado desde el lado comprador, los procesos que se truncan — los que llegan cerca del cierre y luego se descarrilan sin razón aparente — tienen casi siempre un componente emocional en la raíz.

El empresario que en el último momento sube el precio de forma irrazonable, o que de repente pone condiciones imposibles, o que desaparece durante días cuando el proceso está en su momento más intenso: no está haciendo cálculo racional. Está expresando una resistencia emocional que no ha procesado.

La preparación psicológica no es un lujo para el empresario sensible. Es una herramienta práctica que aumenta significativamente la probabilidad de que el proceso termine bien.

Etapa 1: La decisión — cuando la idea deja de ser teórica (2-3 años antes)

La mayoría de los empresarios que venden su empresa llevan años dando vueltas a la idea antes de tomarla en serio. Es una idea que aparece en los momentos de cansancio, en las conversaciones nocturnas con el cónyuge, en los momentos en que un problema recurrente parece que nunca va a resolverse.

Lo más útil que puede hacer en esta etapa temprana no es empezar a buscar compradores. Es empezar a clarificar sus motivaciones.

¿Por qué quiere vender? No la respuesta superficial (“estoy cansado”, “quiero dinero”, “no hay sucesor”), sino la motivación profunda. ¿Es la empresa lo que le agota o es algo más específico que podría cambiar sin necesidad de vender? ¿Está vendiendo desde el miedo (a que el negocio se deteriore, a que el mercado cambie) o desde la elección (ha construido algo valioso y este es el momento de convertirlo en liquidez)? ¿Qué quiere conseguir realmente con la venta?

Esta clarificación no es fácil y a menudo requiere conversaciones con personas de confianza que le ayuden a ver con más nitidez. Lo que hay que evitar es tomar la decisión de vender como una reacción a una situación de malestar temporal, porque ese tipo de decisión reactiva es la que más frecuentemente genera arrepentimiento posterior.

Etapa 2: Construir una identidad fuera de la empresa (2-3 años antes del cierre)

Uno de los mayores riesgos del post-venta es el vacío de identidad. El empresario que ha dedicado 25 años a una empresa tiene toda su vida organizada alrededor de ella: su agenda, sus relaciones, su sentido de propósito, su manera de describirse a sí mismo en una conversación.

El trabajo de construir una identidad fuera de la empresa — o de recuperar dimensiones de sí mismo que se han atrofiado durante años de gestión — debe empezar antes de que la venta sea un hecho. No porque el proceso requiera mucho tiempo, sino porque intentar hacerlo después del cierre, cuando el vacío ya está ahí, es mucho más difícil.

Algunas preguntas útiles para este trabajo: ¿Qué haría si tuviese cinco horas libres cada martes? ¿Qué aficiones, proyectos o relaciones ha postergado durante años por falta de tiempo? ¿Qué tipo de contribución quiere hacer en la siguiente fase de su vida? ¿Hay algo que quiera aprender, explorar o construir que no ha podido por las exigencias de la empresa?

No hay respuestas correctas o incorrectas. Lo importante es empezar a hacerse estas preguntas mientras todavía hay tiempo para ir construyendo respuestas parciales antes del cierre.

Etapa 3: Hablar con quien ya lo ha vivido (18 meses antes)

Una de las cosas más útiles que puede hacer en la fase de preparación es buscar a tres o cuatro empresarios que hayan vendido su empresa y que lleven al menos dos o tres años desde el cierre. No para pedirles consejo sobre cómo maximizar el precio, sino para escuchar cómo vivieron el proceso emocional.

¿Cuándo sintieron que habían tomado la decisión correcta? ¿Cuándo dudaron? ¿Qué fue lo más difícil del proceso? ¿Cómo fueron los primeros meses después del cierre? ¿Qué harían diferente?

Lo que descubrirá en esas conversaciones — casi invariablemente — es que lo que usted está sintiendo es normal. Que el miedo, la ambivalencia, la tristeza y la excitación que coexisten en su cabeza son exactamente lo que sintieron ellos. Esa normalización tiene un valor enorme: reduce la sensación de estar haciendo algo raro o equivocado.

Etapa 4: Involucrar a la familia desde el principio (12-18 meses antes)

La venta de una empresa no es solo la decisión del empresario. Es una decisión que afecta a la familia entera — al cónyuge, a los hijos si tienen edad suficiente para entenderlo, a veces a padres o hermanos que han estado vinculados a la empresa — y que conviene tomar de forma compartida.

Las familias que descubren que la venta está avanzando cuando ya está prácticamente cerrada, sin haber sido parte de la conversación, tienden a procesar la situación con más dificultad. Se pueden sentir excluidas de una decisión importante, o pueden tener miedos propios (¿qué va a hacer papá con todo ese tiempo libre?) que no han podido expresar.

Involucrar a la familia desde el principio no significa poner la decisión en manos de todos. Significa compartir el proceso: explicar por qué se está pensando en vender, escuchar sus perspectivas, incluirlos en las conversaciones sobre el después. Eso hace que el proceso sea colectivo, no una sorpresa que hay que gestionar a posteriori.

Etapa 5: Las fases del duelo durante el proceso (6-12 meses antes del cierre)

Los psicólogos que trabajan con empresarios en transición hablan de un proceso de duelo genuino que comienza bastante antes del cierre: cuando la decisión de vender se vuelve real y el proceso empieza.

Ese duelo tiene fases reconocibles, aunque no siempre siguen un orden lineal. Hay una fase de negación (“todavía no he decidido del todo, puedo echarse atrás”), una de rabia (que suele aparecer durante la due diligence, cuando extraños cuestionan sus decisiones), una de negociación (“si consigo X precio, si el comprador mantiene este equipo, si…”), una de tristeza (cuando la realidad del cierre se acerca) y, finalmente, la aceptación.

Reconocer estas fases cuando aparecen — en lugar de actuar como si no estuviesen ahí — permite gestionarlas de forma más consciente. Cuando en medio de la due diligence usted siente una irritación desproporcionada ante una pregunta del comprador, puede reconocer que esa irritación tiene una raíz emocional y no dejar que distorsione la negociación.

Nuestro artículo sobre el proceso emocional de vender una empresa describe estas fases con más detalle.

Etapa 6: Trabajar con un coach o terapeuta (opcional pero valioso)

Para empresarios que llevan 15, 20 o 30 años al frente de su empresa, el trabajo con un coach o terapeuta especializado en transiciones puede marcar una diferencia real. No porque haya algo “mal” en ellos — al contrario — sino porque la venta de una empresa es una transición de la misma magnitud que la jubilación o el inicio de la empresa, y merece el mismo nivel de preparación.

Un buen coach de transiciones empresariales ayuda a clarificar motivaciones, a imaginar el después con concreción, a gestionar las presiones del proceso sin que desborden, y a prepararse para el duelo post-venta de forma consciente.

En España hay aún pocos especialistas en este campo, pero su número está creciendo. Vale la pena buscarlos.

Etapa 7: Planificar el primer año post-venta antes del cierre

Una de las recomendaciones más prácticas que podemos dar: antes de firmar el contrato de compraventa, tenga un plan provisional para los primeros doce meses después del cierre.

No tiene que ser un plan perfecto ni detallado. Puede ser borroso. Lo que importa es que responda a la pregunta: ¿cómo va a estructurar su tiempo, su energía y su sentido de propósito durante ese primer año?

Algunas posibilidades frecuentes: un período de descanso activo (viajes, aficiones postergadas, tiempo con familia), algún tipo de actividad intelectual o de aprendizaje que le haya atraído, una exploración de nuevas inversiones o proyectos sin compromiso, trabajo de mentoría o asesoramiento a otros empresarios.

La razón por la que este plan importa no es que lo vaya a seguir al pie de la letra — casi nadie lo hace — sino que tenerlo reduce la sensación de caer al vacío cuando llega el primer lunes sin empresa.

Una reflexión final

Vender una empresa es una de las experiencias más intensas de la vida empresarial. Merece la misma seriedad en la preparación emocional que en la preparación financiera.

Los empresarios que atraviesan bien ese proceso no son los que no sienten miedo o tristeza. Son los que preparan con tiempo, que tienen apoyo a su alrededor, que reconocen lo que están sintiendo sin dejar que los paralice.

Si está en ese proceso o comenzando a pensarlo, hablemos. No solo de números: de todo el proceso. Y si quiere una primera referencia del valor de su empresa, nuestra herramienta de valoración puede ser un buen punto de partida.

También le puede interesar leer sobre la vida después de vender la empresa y sobre el primer año tras la venta.

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