Llevo más de quince años invirtiendo en empresas españolas. Más de ciento cincuenta compañías después, en cinco sectores distintos, puedo decir con convicción que la oportunidad en España no solo no se ha agotado, sino que hoy es más relevante que nunca.
Esta carta no es un ejercicio de marketing. Es una explicación honesta de por qué he dedicado mi carrera profesional a este mercado y por qué sigo haciéndolo.
Un mercado con profundidad real
España es la cuarta economía de la eurozona. Tiene un tejido empresarial extraordinariamente rico, con más de 4.000 empresas que facturan entre 10 y 200 millones de euros. La mayoría son familiares. Muchas lideran sus nichos. Y sin embargo, la penetración del capital privado en este segmento es significativamente inferior a la de Francia, Alemania o Reino Unido.
Esto no es una debilidad del mercado. Es una oportunidad. Donde otros ven fragmentación, yo veo empresarios que han construido negocios sólidos sin necesidad de capital externo. Cuando llega el momento en que sí lo necesitan — por crecimiento, por sucesión, por transformación — el abanico de opciones que tienen es limitado. Ahí es donde entramos nosotros.
La calidad del empresario español
Si algo he aprendido en estos años es que el empresario español tiene cualidades que no se encuentran fácilmente en otros mercados. Hay una resiliencia forjada en crisis reales — la de 2008, la pandemia, la inflación posterior. Hay un compromiso con el empleo y con el territorio que va más allá de lo que dictan los manuales de optimización financiera. Y hay un orgullo en el producto y en el servicio que se traduce en ventajas competitivas difíciles de replicar.
No idealizo. Conozco también las limitaciones: la dificultad para profesionalizar la gestión, cierta resistencia al cambio, la falta de planificación sucesoria. Pero son precisamente esas limitaciones las que crean espacio para un socio como Blue Mountain.
Por qué capital paciente
El middle-market español necesita un tipo de capital que no existe en abundancia. Los grandes fondos de private equity buscan operaciones de 100 millones de euros o más. Los venture capital se concentran en tecnología y startups. Y los fondos de middle-market que operan en España suelen estar sujetos a horizontes de inversión de tres a cinco años, que no siempre se alinean con los tiempos reales de transformación de una empresa familiar.
El capital paciente de un family office resuelve ese desajuste. No tenemos presión de LPs para desinvertir. No necesitamos multiplicar por tres en cuatro años. Podemos sentarnos a la mesa con un empresario y hablar de un plan a diez años, sabiendo que tenemos la capacidad de acompañarlo durante todo ese recorrido.
Esto no es un lujo filosófico. Es una ventaja competitiva. Las mejores operaciones que hemos realizado han sido posibles precisamente porque ofrecíamos algo que otros no podían: tiempo.
Un compromiso con el tejido económico
Invertir en España no es solo una decisión financiera para mí. Es un compromiso con el tejido económico de un país que me ha dado oportunidades extraordinarias. Las más de 80 empresas de nuestra cartera emplean a miles de personas en logística, hostelería, tecnología circular, ingeniería y servicios. Cada una de ellas es un eslabón en la cadena productiva de este país.
Cuando acompañamos una sucesión generacional, no estamos simplemente cerrando una transacción. Estamos asegurando que una empresa que genera empleo, que paga impuestos, que forma a profesionales, siga existiendo y creciendo. Eso tiene un valor que trasciende la rentabilidad financiera, aunque — y esto es importante — nunca hemos tenido que sacrificar la una por la otra.
Mirando hacia adelante
España va a necesitar más capital paciente en los próximos años. La generación de empresarios que fundó compañías en los años ochenta y noventa está llegando a la edad de jubilación. Muchos no tienen un sucesor claro dentro de la familia. Y las alternativas — vender a un fondo con horizonte corto, malvender a un competidor, simplemente cerrar — no son las que estos empresarios quieren para las empresas que han construido durante toda su vida.
Aquí es donde Blue Mountain quiere estar. No como el mayor inversor del mercado, sino como el más fiable. El que entiende que detrás de cada balance hay personas, familias, historias. El que sabe que la paciencia no es pasividad, sino la forma más inteligente de crear valor.
Seguimos invirtiendo en España porque creemos en España. Y porque cada nueva empresa que entra en nuestra cartera nos confirma que la oportunidad es real, tangible y profundamente satisfactoria.
Dirk Manuel Martens Jiménez
Fundador, Blue Mountain Capital
Si acompaña profesionalmente a un empresario en esta situación, hablemos.
Véase también: Por qué invertimos solo en España.