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Perspectivas Publicado el 9 de enero de 2023 5 min de lectura

Qué es la inversión directa y por qué importa al empresario español

La inversión directa representa una alternativa real al private equity tradicional para el empresario del middle-market. Explicamos en qué consiste, cómo funciona y por qué cada vez más propietarios de pymes la consideran como primera opción.

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Blue Mountain Capital

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Blue Mountain Capital | | 5 min de lectura

Cuando un empresario español piense en “inversores”, suele imaginar fondos de capital riesgo, gestoras internacionales o, en el mejor de los casos, un business angel que aparece en las noticias. La realidad del mercado de inversión en España es mucho más diversa y, paradójicamente, la modalidad que más se adapta a las necesidades del empresario medio — la inversión directa — es la menos conocida.

Definición práctica

La inversión directa consiste en que un inversor — ya sea un family office, un grupo empresarial o un patrimonio privado — adquiere una participación significativa en una empresa sin la intermediación de un fondo de inversión. No hay gestora. No hay comité de inversiones con cuarenta socios. No hay un calendario rígido de entrada y salida.

En España, esta modalidad tiene una relevancia especial porque nuestro tejido empresarial está compuesto mayoritariamente por empresas familiares que facturan entre 5 y 100 millones de euros. Son empresas demasiado pequeñas para los grandes fondos y demasiado grandes para los business angels. La inversión directa cubre ese espacio.

Las cifras del middle-market español

Según datos del INE y de la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (ASCRI), en 2022 se registraron más de 900 operaciones de private equity y venture capital en España, con un volumen total cercano a los 7.500 millones de euros. Sin embargo, la inmensa mayoría de esas operaciones se concentra en dos extremos: startups tecnológicas (venture capital) y grandes corporaciones (buyouts de más de 100 millones).

El segmento intermedio — empresas con EBITDA entre 1 y 10 millones de euros — recibe una fracción desproporcionadamente pequeña de ese capital. Según estimaciones de mercado, menos del 15% de las operaciones de capital privado en España se dirigen al lower middle-market. Y sin embargo, es precisamente ese segmento el que concentra el mayor número de empresas, el mayor volumen de empleo y, me atrevo a decir, las mejores oportunidades de creación de valor.

Por qué importa al empresario

Para el propietario de una empresa familiar que factura 20 o 30 millones de euros, la inversión directa ofrece tres ventajas fundamentales que el private equity tradicional no siempre puede igualar.

Alineación de horizontes temporales

Un fondo de private equity típico tiene un ciclo de vida de diez años, con un periodo de inversión de tres a cinco y un periodo de desinversión similar. Esto significa que, desde el día uno, el reloj corre. El gestor del fondo necesita demostrar retornos a sus partícipes (LPs) y, eventualmente, vender.

El inversor directo no tiene esa presión. Un family office invierte su propio capital o el de un grupo familiar reducido. Si la empresa va bien y las perspectivas son favorables, puede mantener la posición indefinidamente. Si necesita más tiempo para una transformación operativa, lo tiene. Esta flexibilidad es enormemente valiosa en un mercado donde los procesos de cambio empresarial raramente se ajustan a calendarios predeterminados.

Decisiones más rápidas

En un fondo estructurado, una decisión de inversión pasa por múltiples filtros: el equipo de análisis, el comité de inversiones, los asesores legales del fondo, los representantes de los LPs. El proceso puede durar seis meses o más.

En la inversión directa, la cadena de decisión es más corta. En Blue Mountain, una decisión de inversión la tomamos las personas que van a estar directamente involucradas en la gestión posterior de la empresa. Conocemos el negocio porque lo hemos analizado nosotros mismos. Esto nos permite movernos con mayor agilidad, algo que el empresario vendedor valora enormemente, especialmente cuando hay sensibilidad temporal en la operación.

Relación personal

Este punto puede parecer intangible, pero es probablemente el más importante. El empresario español — especialmente el fundador que ha dedicado treinta años a construir su empresa — necesita saber con quién va a trabajar. No quiere tratar con un equipo de analistas que rotará en dos años. Quiere sentarse frente a la persona que va a tomar las decisiones sobre el futuro de su empresa.

La inversión directa permite eso. La relación es entre personas, no entre instituciones. Y en un mercado donde la confianza lo es todo, esa cercanía marca la diferencia.

Los riesgos que hay que conocer

Sería deshonesto presentar la inversión directa como una solución sin matices. Tiene limitaciones que el empresario debe conocer.

La primera es la concentración. Un fondo diversifica entre quince o veinte empresas. Un inversor directo puede tener una cartera más concentrada, lo que implica mayor riesgo por operación. Esto se mitiga con experiencia, con procesos rigurosos de due diligence y con una tesis de inversión clara, pero el riesgo existe.

La segunda es la capacidad de acompañamiento. Un gran fondo tiene equipos de valor añadido, redes internacionales, capacidad de contratar consultoras de primer nivel. El inversor directo puede no tener esa infraestructura. La pregunta que el empresario debe hacerse es: ¿qué necesita realmente mi empresa? Si la respuesta es un socio cercano que entienda el negocio y tome decisiones con agilidad, la inversión directa gana. Si necesita una plataforma global de expansión internacional, quizá un fondo sea más adecuado.

La oportunidad actual

España está viviendo un momento particularmente favorable para la inversión directa. La generación de empresarios que fundó compañías en los años ochenta y noventa está alcanzando la edad de jubilación. Muchos no tienen un sucesor claro. El Banco de España estima que cerca de 200.000 empresas se enfrentarán a un proceso de sucesión en la próxima década.

Estas empresas necesitan soluciones que no siempre encajan en el molde del private equity. Necesitan un inversor que entienda la dinámica familiar, que respete el legado del fundador y que tenga la paciencia para gestionar una transición que es tanto emocional como financiera.

La inversión directa, bien ejecutada, es esa solución. Y en Blue Mountain llevamos más de una década demostrándolo.

Dirk Manuel Martens Jiménez Fundador, Blue Mountain Capital

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Véase también: Por qué invertimos solo en España.

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