Los nombres, ubicaciones y ciertos detalles de este caso han sido modificados para proteger la confidencialidad de las partes involucradas. Las cifras y los resultados son representativos de la operación real.
El Punto de Partida
Una empresa de transporte y logística integral — almacenaje, distribución y transporte de última milla — con 62 empleados, una flota de 38 vehículos y una facturación de 8 millones de euros. El negocio lo había fundado un matrimonio emprendedor veinte años atrás, empezando con una furgoneta y una nave alquilada.
Dos décadas después, la empresa facturaba ocho veces más pero estaba técnicamente en insolvencia. El EBITDA había caído a 180.000 euros — un margen del 2,2% que no cubría el servicio de la deuda. Las cuotas de leasing de la flota, los préstamos bancarios y un crédito ICO de la pandemia sumaban vencimientos mensuales de 95.000 euros contra una generación de caja operativa de 40.000 euros.
El banco principal había comunicado que no renovaría la línea de crédito de 500.000 euros que vencía en tres meses. Sin esa línea, la empresa no podía pagar nóminas.
El Reto
Crisis de liquidez inminente. Tres meses hasta la asfixia completa. No había tiempo para negociaciones largas.
Deuda insostenible. La deuda financiera total ascendía a 3,8 millones de euros — más de 20 veces el EBITDA. Sin una reestructuración profunda de la deuda, la empresa no podía sobrevivir.
Flota sobredimensionada. De los 38 vehículos, 12 estaban infrautilizados (ocupación media del 35%). Pero los leasings tenían penalizaciones por cancelación anticipada, y devolver los vehículos significaba perder capacidad operativa que, en ciertos picos de demanda, era necesaria.
Concentración de clientes. Un solo cliente — una cadena de distribución alimentaria — representaba el 35% de la facturación. Ese cliente había reducido tarifas un 8% dos años atrás, y la empresa no había sabido decir que no. El resultado: una línea de negocio que generaba el 35% de los ingresos pero solo el 12% del margen bruto.
Fundadores agotados. El matrimonio fundador, ambos en sus 55 años, había estado gestionando la crisis durante dos años sin pedir ayuda externa. Estaban física y emocionalmente agotados. El marido se encargaba de la operativa y la esposa de la administración, y ninguno de los dos tenía ya la energía ni las herramientas para revertir la situación.
Nuestro Enfoque
La urgencia definió el enfoque. No había tiempo para un diagnóstico de cuatro meses — teníamos semanas, no meses.
Fase 1: Estabilización (semanas 1-6)
Inyección de liquidez. Aportamos 600.000 euros como préstamo participativo convertible en equity, condicionado a la ejecución del plan de reestructuración. Esto cubrió los vencimientos inmediatos y dio oxígeno para negociar.
Comunicación a la banca. Contactamos al banco principal y a los dos bancos secundarios para comunicar la entrada de un inversor comprometido, presentar un borrador de plan de viabilidad y solicitar un periodo de espera (standstill) de seis meses mientras se negociaba la reestructuración formal de la deuda.
Medidas de emergencia. Cancelamos tres contratos de leasing de vehículos infrautilizados (asumiendo las penalizaciones como mal menor), renegociamos el contrato de alquiler de la segunda nave (que operaba al 40% de capacidad) y suspendimos toda inversión no esencial.
Fase 2: Reestructuración operativa (meses 2-8)
Análisis de rentabilidad por ruta y cliente. Implementamos un sistema de control de costes que la empresa no tenía. Descubrimos que de los 43 clientes activos, 11 generaban pérdidas netas. Tres de ellos eran clientes “históricos” que pagaban tarifas de hace diez años.
Reequilibrio de la cartera de clientes. Negociamos subidas de tarifa con los 11 clientes deficitarios. Siete aceptaron. Cuatro no, y dejamos de prestarles servicio. La facturación bajó un 6% pero el margen bruto subió un 18%.
El cliente grande. Renegociamos el contrato con la cadena de distribución. La alternativa era clara: o se ajustaban las tarifas a los costes reales, o dejábamos la ruta. El cliente, que valoraba la calidad del servicio y no tenía alternativa inmediata, aceptó una subida del 5% con una vinculación indexada al IPC para años futuros.
Optimización de la flota. Redujimos la flota de 38 a 29 vehículos. Devolvimos los leasings de los vehículos infrautilizados (9 vehículos) y renovamos 4 vehículos antiguos con alta siniestralidad y alto consumo por modelos más eficientes.
Ajuste de plantilla. Reducción de 62 a 54 empleados. Los ajustes se concentraron en la segunda nave (que se cerró) y en funciones administrativas duplicadas. Los conductores se mantuvieron al 100% — no queríamos perder capacidad operativa.
Fase 3: Reestructuración financiera (meses 6-12)
Con los resultados operativos ya visibles (el EBITDA del tercer trimestre fue un 180% superior al del mismo periodo del año anterior), negociamos la reestructuración formal de la deuda:
Deuda bancaria (2,1M). Quita del 15% (315.000 euros), carencia de 18 meses y nuevo calendario de amortización a 7 años a tipo fijo del 4,5%. Los bancos aceptaron porque la alternativa — el concurso — les habría costado mucho más.
Leasings (1,2M). Reestructuración de los plazos de los leasings activos y cancelación de los vehículos devueltos.
Deuda pública (500K). Aplazamiento con la Seguridad Social y Hacienda a 24 meses, con calendario de pagos mensual.
Fase 4: Consolidación (meses 12-24)
Conversión del préstamo en equity. El préstamo participativo inicial se convirtió en el 55% de las participaciones. Los fundadores retuvieron el 45%, con un pacto de socios que regulaba la gobernanza y preveía un mecanismo de recompra a 5 años si los resultados lo permitían.
Profesionalización. Incorporación de un director de operaciones experimentado. El marido fundador pasó a un rol de director comercial (su verdadera fortaleza). La esposa se retiró de la gestión diaria, manteniendo su puesto en el consejo.
Sistemas. Implantación de un TMS (Transport Management System) que automatizó la planificación de rutas y la facturación, reduciendo errores y mejorando la utilización de la flota.
Resultados
| Métrica | Inicio | 12 meses | 24 meses |
|---|
| Facturación | €8,0M | €7,5M | €8,3M |
| EBITDA | €180K (2,2%) | €720K (9,6%) | €1,05M (12,7%) |
| Plantilla | 62 | 54 | 57 |
| Flota | 38 vehículos | 29 vehículos | 31 vehículos |
| Deuda financiera neta | €3,8M | €3,0M | €2,2M |
| Clientes activos | 43 | 36 | 41 |
La facturación inicialmente bajó por la limpieza de clientes no rentables, pero se recuperó y superó el nivel original con clientes de mayor margen. El EBITDA se multiplicó por casi seis. La deuda se redujo a niveles manejables. Y la empresa, que estaba a tres meses de la insolvencia, se convirtió en un negocio rentable y sostenible.
Lecciones
La velocidad es esencial en situaciones de distress. Cada semana de inacción destruye valor. La estabilización debe ser inmediata — el diagnóstico fino puede hacerse en paralelo.
No todos los ingresos son buenos. La empresa facturaba 8 millones pero una parte significativa de esos ingresos destruía valor. A veces, facturar menos es ganar más.
Los fundadores no son el problema — la falta de estructura sí. El matrimonio fundador tenía el compromiso y el conocimiento del mercado. Lo que no tenían eran las herramientas de gestión, los sistemas de control y el equipo directivo que una empresa de 8 millones necesita.
La reestructuración financiera sin reestructuración operativa es un parche. Refinanciar la deuda sin cambiar la operativa solo retrasa el problema. El banco que ve resultados operativos mejorando es infinitamente más receptivo a reestructurar la deuda que el banco que solo ve un empresario pidiendo más tiempo.
Si su empresa de logística — o de cualquier sector — se enfrenta a una situación similar, la experiencia nos enseña que cuanto antes se actúa, más opciones hay y mejor es el resultado. Contacte con nuestro equipo para una conversación confidencial.