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Perspectiva Publicado el 3 de septiembre de 2025 8 min de lectura

Por qué invertimos solo en España

En un mundo de inversión globalizada, concentrar toda la actividad inversora en un solo país parece una limitación. Explicamos por qué para Blue Mountain es exactamente lo contrario: una ventaja competitiva deliberada.

DM

Dirk Manuel Martens Jiménez

Fundador, Blue Mountain Capital

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Dirk Manuel Martens Jiménez | | 8 min de lectura

Nos preguntan con frecuencia por qué no invertimos en Portugal, en Latinoamérica o en otros mercados europeos. La pregunta es razonable. En un mundo donde el capital fluye sin fronteras y donde los fondos de inversión operan con mandatos paneuropeos o globales, concentrar toda la actividad inversora en un solo país parece, como mínimo, una autolimitación.

Mi respuesta siempre es la misma: no es una limitación. Es una decisión estratégica que es la base de nuestra ventaja competitiva.

La trampa de la diversificación geográfica

La teoría financiera convencional sostiene que la diversificación reduce el riesgo. Diversificar sectores, diversificar geografías, diversificar tipos de activo. Es un principio sólido para carteras de activos financieros líquidos — acciones, bonos, fondos — donde el inversor es pasivo y su aportación se limita al capital.

Pero en la inversión directa en empresas del middle-market, el inversor no es pasivo. Participa en el gobierno, aporta experiencia operativa, facilita relaciones comerciales, apoya al equipo directivo en decisiones estratégicas y, en ocasiones, interviene en la gestión en momentos críticos. Esta participación activa requiere conocimiento — del mercado, del marco regulatorio, de la cultura empresarial, de los actores relevantes — que no se improvisa y no se transporta de un país a otro.

Un family office que invierte en España, Portugal, Colombia y Chile necesita conocimiento profundo de cuatro marcos regulatorios, cuatro entornos laborales, cuatro culturas de negociación, cuatro redes de asesores y cuatro dinámicas de mercado. O bien diluye su capacidad entre cuatro mercados, o bien construye equipos locales en cada uno, multiplicando costes y complejidad.

Nosotros hemos elegido una tercera vía: ser extraordinariamente buenos en un mercado, en lugar de ser razonablemente competentes en varios.

Las ventajas del enfoque

Conocimiento acumulado

Después de más de quince años invirtiendo exclusivamente en España, nuestro conocimiento del mercado es granular. Conocemos los subsectores, las dinámicas competitivas, los actores relevantes, los asesores de confianza y los patrones de comportamiento empresarial. Cuando analizamos una empresa de logística en Levante o una cadena hotelera en Baleares, no partimos de cero. Partimos de décadas de experiencia en esos mismos mercados.

Este conocimiento acumulado nos permite evaluar oportunidades más rápido, con mayor precisión y con menos riesgo de error que un inversor que analiza el mercado español de forma ocasional. Y nos permite aportar a nuestras empresas un valor que un inversor generalista no puede ofrecer: recomendaciones basadas en experiencia real en el mercado, no en benchmarks teóricos de otros países.

Red de relaciones

La inversión en el middle-market es un negocio de relaciones. Las mejores oportunidades no se encuentran en portales de transacciones ni en subastas organizadas por bancos de inversión. Se encuentran a través de relaciones cultivadas durante años: con empresarios, con abogados, con asesores fiscales, con directivos, con banqueros regionales.

Nuestra red en España se ha construido a lo largo de más de 150 empresas invertidas, cientos de oportunidades analizadas y miles de reuniones con empresarios, asesores y profesionales. Esta red genera un flujo de oportunidades propietarias — operaciones que nos llegan antes que al mercado, o que nos llegan exclusivamente — que es nuestra principal ventaja competitiva en la generación de deal flow.

Replicar esta red en otro país llevaría una década. Y durante esa década, estaríamos operando con una desventaja significativa respecto a los inversores locales establecidos.

Proximidad operativa

Nuestras oficinas están en Madrid. Todas nuestras empresas en cartera están a un vuelo de una hora o a un viaje en coche de unas pocas horas. Esto significa que podemos visitar cualquier empresa, reunirnos con cualquier equipo directivo y asistir a cualquier consejo de administración sin que la logística se convierta en un obstáculo.

La proximidad no es un lujo. Es un requisito para la inversión activa. Cuando una empresa necesita apoyo — en una negociación, en una crisis, en una decisión estratégica — la disponibilidad del inversor marca la diferencia. Un inversor que está a tres horas de vuelo y dos horas de coche no puede ofrecer la misma intensidad de acompañamiento que uno que está a una hora.

Hemos comprobado repetidamente que la frecuencia de contacto con nuestras empresas — visitas mensuales, llamadas semanales, disponibilidad inmediata para cuestiones urgentes — genera una relación de confianza con los equipos directivos que se traduce en mejores decisiones y mejores resultados.

Comprensión cultural

Cada mercado tiene una cultura empresarial propia. La forma en que se negocia, se toman decisiones, se gestionan conflictos, se comunica y se lidera varía significativamente entre países. Un inversor que no comprende la cultura empresarial del mercado donde opera cometerá errores que el análisis financiero más sofisticado no puede prevenir.

En España, la empresa familiar tiene una lógica propia: la importancia de la palabra dada, el peso de la relación personal sobre el contrato formal, la resistencia a determinados modelos de gobernanza, la sensibilidad hacia los empleados y hacia la comunidad local. Entender estas dinámicas — no como folkore sino como factores reales que afectan al valor de la inversión — requiere años de experiencia directa.

El mercado español justifica la concentración

El enfoque geográfico en España no sería viable si el mercado no tuviera la profundidad suficiente. Pero la tiene.

Dimensión del mercado

España es la cuarta economía de la eurozona, con un PIB de 1,46 billones de euros en 2024. El tejido empresarial incluye más de 4.000 empresas con facturación entre 10 y 200 millones de euros, la gran mayoría familiares. Este universo de empresas invertibles es lo suficientemente amplio como para sostener una actividad inversora selectiva durante décadas.

Según datos de Spaincap, en 2024 se cerraron más de 900 operaciones de private equity en España por un volumen agregado superior a 8.000 millones de euros. El middle-market (operaciones entre 10 y 100 millones de valor de empresa) representó más de 400 de esas operaciones. Hay deal flow de sobra.

Penetración inferior a la media europea

La penetración del capital privado en España — medida como inversión en private equity como porcentaje del PIB — se sitúa en torno al 0,5%, por debajo de la media europea del 0,8% y significativamente por debajo de países como Reino Unido (1,4%), Francia (0,9%) o los países nórdicos (1,2%).

Esta menor penetración significa que hay una proporción mayor de empresas que nunca han recibido capital externo y que, cuando llega el momento — sucesión, crecimiento, dificultades — tienen menos alternativas de las que tendrían en mercados más desarrollados. Para un inversor especializado, esta escasez relativa de capital es una oportunidad.

Dinámica de sucesión

España enfrenta una oleada de sucesión empresarial sin precedentes. Según el Instituto de la Empresa Familiar, el 66% de las empresas familiares españolas tiene un fundador mayor de 55 años y un 30% mayor de 65. En los próximos diez años, miles de empresas necesitarán resolver su continuidad. Muchas acudirán al mercado de capital privado.

Esta dinámica demográfica es irreversible y genera un flujo de oportunidades de inversión estructuralmente creciente que justifica plenamente un enfoque concentrado en el mercado español.

Lo que perdemos

Ser honestos sobre las limitaciones de nuestra estrategia es tan importante como explicar sus ventajas.

Perdemos la diversificación del riesgo país. Una crisis económica severa en España nos afecta más que a un inversor con cartera diversificada geográficamente. Mitigamos este riesgo con diversificación sectorial — nuestras más de 80 empresas en cartera operan en cinco sectores diferentes — y con prudencia financiera en la estructura de cada inversión.

Perdemos oportunidades extraordinarias en otros mercados. Hay empresas excelentes en Portugal, en Italia, en Latinoamérica, que nunca analizaremos. Aceptamos esa renuncia como el coste de nuestra especialización.

Y perdemos la posibilidad de crecer indefinidamente. Un mercado, por grande que sea, tiene un límite de oportunidades compatibles con nuestros criterios. Esto impone una disciplina natural sobre el tamaño de nuestra cartera que, en realidad, es una ventaja: nos obliga a ser selectivos.

La convicción detrás de la decisión

Invertir exclusivamente en España no es una decisión por defecto ni una limitación heredada. Es una convicción construida sobre la experiencia de más de quince años y sobre un análisis racional de dónde nuestra capacidad de crear valor es máxima.

Creemos que en el middle-market, donde la inversión activa es determinante, la profundidad del conocimiento supera a la amplitud de la cobertura. Creemos que la confianza — que es la moneda con la que se cierran las mejores operaciones — se construye con presencia continuada, no con visitas esporádicas. Y creemos que España, con su profundidad de mercado, su dinámica de sucesión y su escasez relativa de capital paciente, ofrece un terreno de inversión que no hemos agotado ni agotaremos en los próximos veinte años.

No invertimos solo en España porque no podamos invertir en otro sitio. Invertimos solo en España porque es donde mejor invertimos.

Dirk Manuel Martens Jiménez Fundador, Blue Mountain Capital

En Blue Mountain evaluamos cada oportunidad con discreción. Contactar.

Véase también: Resumen Anual 2024: Blue Mountain.

DM

Dirk Manuel Martens Jiménez

Fundador de Blue Mountain

Más de 15 años invirtiendo en empresas españolas con capital paciente. Especialista en sucesión empresarial, gobierno corporativo e inversión en middle-market.

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