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Perspectiva Publicado el 26 de febrero de 2025 7 min de lectura

Refinanciación vs Concurso: Cuándo Elegir Cada Opción

¿Refinanciar o ir al concurso? Es la decisión más crítica que enfrenta una empresa en dificultades. Analizamos los criterios objetivos para elegir la vía adecuada y las consecuencias de equivocarse.

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Blue Mountain Capital

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Blue Mountain Capital | | 7 min de lectura

En el momento más difícil de la vida de una empresa — cuando la deuda se ha vuelto insostenible y el statu quo ya no es viable — hay una bifurcación. A la izquierda, la refinanciación: negociar con los acreedores, reestructurar la deuda, mantener el control. A la derecha, el concurso de acreedores: el procedimiento judicial para gestionar la insolvencia.

Elegir mal en esta bifurcación tiene consecuencias severas. Una refinanciación cuando el concurso era inevitable solo retrasa lo inevitable y consume recursos valiosos. Un concurso cuando la refinanciación era posible destruye valor innecesariamente y genera un estigma que pudo evitarse.

El marco de decisión

La elección entre refinanciación y concurso no es una cuestión de preferencia personal. Es una decisión técnica que debe basarse en el análisis objetivo de cuatro variables.

1. Viabilidad del negocio subyacente

La pregunta fundamental: ¿hay un negocio viable debajo de la crisis financiera? Si la empresa genera — o puede generar con ajustes razonables — un EBITDA suficiente para servir una deuda reestructurada, la refinanciación tiene sentido. Si el negocio está estructuralmente deteriorado y no puede generar caja suficiente bajo ningún escenario realista, el concurso es más probable que la refinanciación.

La distinción es crucial. Muchas empresas del middle-market español tienen problemas financieros pero negocios viables. La deuda se acumuló por una inversión fallida, por la pérdida de un cliente clave o por un evento externo. El negocio subyacente — sus clientes, su know-how, su posición competitiva — sigue siendo valioso. En estos casos, la refinanciación permite preservar ese valor.

2. Composición y actitud de los acreedores

La refinanciación requiere el acuerdo de los acreedores. Si los acreedores son pocos, profesionales y están dispuestos a negociar, la refinanciación es viable. Si son muchos, heterogéneos o antagónicos, el proceso se complica.

La homologación de acuerdos de refinanciación permite superar bloqueos de acreedores minoritarios (con el 60% o 75% de apoyo se puede arrastrar a los disidentes), pero requiere que haya una masa crítica de acreedores favorables. Si más del 40% de los acreedores se opone activamente, la vía concursal puede ser más eficiente.

3. Situación de liquidez

La refinanciación lleva tiempo — típicamente entre 3 y 9 meses — y durante ese tiempo la empresa necesita seguir operando. Si la empresa no tiene la liquidez suficiente para sostener la actividad durante la negociación, el concurso puede ser inevitable simplemente porque no hay tiempo material para negociar.

El pre-concurso (comunicación del artículo 583 TRLC) puede dar oxígeno temporal al bloquear ejecuciones, pero no genera liquidez nueva. Si la empresa necesita capital fresco urgente, la entrada de un inversor en situaciones especiales puede ser la pieza que falta para hacer viable la refinanciación.

4. Naturaleza de la deuda

La refinanciación funciona mejor con deuda financiera (bancos, fondos de deuda) que con deuda comercial (proveedores) o pública (Hacienda, Seguridad Social). Los acreedores financieros están acostumbrados a negociar reestructuraciones; los proveedores, menos. Y la Administración tiene márgenes de negociación más limitados.

Si el problema es predominantemente de deuda financiera, la refinanciación bilateral o la homologación suelen funcionar. Si la deuda comercial y pública son significativas, el plan de reestructuración (que puede incluir todas las clases de acreedores) o el concurso pueden ser más adecuados.

La refinanciación: ventajas y limitaciones

Ventajas

Confidencialidad. La refinanciación es un proceso privado. No se publica en ningún registro, no genera noticias, no alerta a clientes ni proveedores. En sectores donde la reputación es un activo crítico, esto es determinante.

Control. El empresario mantiene el control de la gestión. No hay administrador concursal, no hay intervención judicial en las decisiones operativas. El empresario negocia como parte, no como sujeto de un procedimiento.

Rapidez. Una refinanciación bien planificada puede cerrarse en 3-6 meses. Un concurso dura años.

Coste. Sin gastos judiciales significativos, sin administrador concursal (cuyos honorarios pueden ser sustanciales), sin los costes indirectos que genera el concurso (pérdida de proveedores, deterioro de la imagen comercial).

Preservación de valor. La empresa sigue operando con normalidad durante la negociación. No pierde proveedores que dejan de suministrar por miedo al impago, ni clientes que buscan alternativas por temor a que la empresa desaparezca.

Limitaciones

Requiere acuerdo. La refinanciación necesita el consentimiento — voluntario o forzado vía homologación — de los acreedores. Si los acreedores no quieren negociar, no hay refinanciación posible.

Scope limitado. La refinanciación tradicional afecta principalmente a la deuda financiera. Si el problema incluye deuda comercial significativa o deuda pública, puede no ser suficiente.

Riesgo de fracaso. Una refinanciación que fracasa deja a la empresa en peor situación que antes: ha consumido tiempo, dinero y credibilidad. Y a menudo, acaba en concurso igualmente.

El concurso: ventajas y limitaciones

Ventajas

Universalidad. El concurso afecta a todos los acreedores, de todas las clases. No hay que negociar individualmente con cada uno.

Protección judicial. La suspensión de ejecuciones es automática y absoluta. Ningún acreedor puede ejecutar sus garantías mientras dure el concurso (con algunas excepciones para acreedores con garantía real).

Herramientas potentes. El juez del concurso puede autorizar EREs, resolver contratos onerosos, anular operaciones perjudiciales para la masa y aprobar ventas de unidades productivas con sucesión laboral limitada.

Borrador limpio. Si la empresa sale del concurso vía convenio, lo hace con una estructura financiera saneada. La deuda se ha reestructurado judicialmente y los acreedores disidentes están vinculados.

Limitaciones

Estigma. En España, el concurso sigue siendo sinónimo de fracaso. Proveedores que dejan de suministrar, clientes que buscan alternativas, empleados que buscan otro empleo. El estigma destruye valor empresarial.

Duración. Años. Los concursos rápidos son la excepción, no la norma.

Coste. Administrador concursal, abogados, procuradores, peritos. Los costes del concurso se pagan con los recursos de la empresa, reduciendo lo disponible para los acreedores.

Pérdida de control. En el mejor caso (concurso voluntario), el empresario mantiene la gestión bajo supervisión. En el peor (concurso necesario o con suspensión de facultades), pierde el control totalmente.

La reforma concursal de 2022: un cambio de paradigma

La transposición de la Directiva europea de reestructuración ha cambiado significativamente el panorama. Los principales cambios:

Planes de reestructuración. Un mecanismo nuevo, flexible y potente que permite reestructurar todo tipo de deuda — financiera, comercial, pública — con aprobación por clases de acreedores y confirmación judicial. Es un punto intermedio entre la refinanciación y el concurso.

Protección reforzada durante las negociaciones. El deudor puede solicitar la suspensión de ejecuciones singulares y de la obligación de solicitar el concurso mientras negocia un plan de reestructuración.

Cross-class cram-down. El juez puede confirmar un plan de reestructuración incluso si una clase de acreedores vota en contra, siempre que se cumplan ciertos requisitos de equidad.

Estos cambios amplían significativamente el espacio entre la refinanciación pura y el concurso. Muchas situaciones que antes solo podían resolverse en concurso ahora pueden abordarse mediante un plan de reestructuración preconcursal.

La decisión en la práctica

En nuestra experiencia gestionando reestructuraciones en el middle-market español, la decisión suele tomarse en una reunión tensa entre el empresario, sus asesores legales, sus asesores financieros y, frecuentemente, un potencial inversor. Cada uno aporta una perspectiva diferente.

El empresario quiere evitar el concurso a toda costa — por el estigma, por la pérdida de control, por el miedo. Los asesores legales evalúan los riesgos de responsabilidad personal. Los asesores financieros analizan los números. Y el inversor evalúa si hay un negocio viable que merezca su capital.

La respuesta correcta no siempre es la que el empresario quiere oír. A veces, la refinanciación es posible y deseable. Otras veces, el concurso es inevitable y retrasarlo solo agrava el daño. Y en ocasiones, la entrada de un inversor es lo que permite inclinar la balanza hacia la refinanciación.

Lo que nunca funciona es la inacción. Esperar a que la situación se resuelva sola, posponer la decisión, buscar una refinanciación cosmética que no aborda el problema de fondo. Cada semana de inacción reduce las opciones y empeora el resultado final.

Si su empresa se enfrenta a esta bifurcación, busque consejo especializado. Y busque pronto — no cuando la caja se haya agotado y las opciones se hayan reducido a una. Contacte con nuestro equipo.

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