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Guías Publicado el 17 de abril de 2023 7 min de lectura

Vender una empresa de 3 a 10 millones de facturación: guía específica para pymes

El segmento de empresas con 3 a 10 millones de facturación tiene dinámicas propias en una venta: procesos más ágiles, relaciones más personales, valoraciones distintas. Todo lo que el empresario pyme necesita saber antes de iniciar el proceso.

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Blue Mountain Capital

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Blue Mountain Capital | | 7 min de lectura

Vender una empresa que factura 5 millones de euros no es lo mismo que vender una que factura 50. No porque una sea más valiosa que la otra — eso depende de los fundamentales, no del tamaño — sino porque el proceso, la dinámica y las prioridades son distintas.

El empresario de una pyme de entre 3 y 10 millones que busca información sobre la venta de su empresa encuentra, en su mayoría, guías escritas para operaciones más grandes: procesos con decenas de asesores, cuadernos de venta de cien páginas y procesos de subasta con múltiples oferentes. Ese no es su mundo. Su proceso será más directo, más personal y, en muchos aspectos, más humano.

Esta guía está escrita específicamente para el empresario en ese segmento.

Las cifras de partida: cómo se valoran estas empresas

En el segmento de 3 a 10 millones de facturación, el precio de compraventa se negocia casi siempre como un múltiplo del EBITDA, no de la facturación. Es un criterio más justo y más informativo: dos empresas con la misma facturación pero márgenes muy distintos tienen un valor muy diferente.

Los múltiplos habituales en este segmento en España oscilan entre 3 y 7 veces EBITDA, con una media que en la mayoría de los sectores se sitúa entre 4 y 5,5 veces. No es el mismo múltiplo que se paga por una empresa de tecnología de 50 millones (donde 10-15x EBITDA es habitual), pero refleja correctamente el perfil de riesgo y las dinámicas de estas empresas.

¿Qué mueve el múltiplo hacia arriba o hacia abajo?

Hacia arriba: ingresos recurrentes (contratos anuales, suscripciones, relaciones de largo plazo con clientes), bajo riesgo de concentración de clientes (ningún cliente supera el 15-20% de la facturación), equipo directivo que puede funcionar sin el fundador, historial de crecimiento consistente, sector con vientos de cola, activos intangibles valiosos (marca, patentes, know-how técnico).

Hacia abajo: alta dependencia del fundador en ventas o en operaciones, cliente único que representa más del 30% de la facturación, cuentas poco transparentes o mixtas entre personal y empresarial, sector en declive estructural, resultados irregulares en los últimos tres ejercicios.

El EBITDA que se usa para calcular el múltiplo es el normalizado, no el contable. En empresas pequeñas y medianas, el EBITDA contable habitualmente incluye gastos que no son del negocio (sueldo del cónyuge, vehículo personal, gastos de representación que son en realidad familiares) y puede no incluir el coste de mercado del trabajo del propio fundador si se remunera por debajo del mercado. Ajustar estos conceptos es el primer trabajo de cualquier proceso de valoración serio.

Las características específicas del proceso en pymes

En una empresa grande, el proceso de venta es un proyecto corporativo con equipos dedicados, bancos de inversión, asesores de comunicación y meses de preparación de documentación. En una pyme, el proceso es otra cosa.

El fundador es el proceso. No hay un equipo de M&A interno. El empresario compatibiliza el proceso de venta con la gestión diaria de su empresa. Eso tiene consecuencias: los plazos son más elásticos, las reuniones se organizan según la agenda del negocio, y el proceso se ralentiza en los momentos de mayor actividad operativa. Es una realidad que un buen comprador entiende y respeta.

La relación personal importa enormemente. En una operación de empresa cotizada, la relación entre comprador y vendedor es institucional: bancos, abogados, comités de dirección. En una pyme, el fundador conoce directamente al comprador. Esa relación personal condiciona el proceso más de lo que cualquier manual de M&A reconoce. El empresario necesita confiar en la persona que va a comprar lo que ha construido. Si esa confianza no se construye, la operación no llega a buen puerto aunque los números cuadren.

Los plazos son más cortos. En el rango de 3 a 10 millones, un proceso bien ejecutado puede cerrarse en 6 a 9 meses desde el primer contacto serio. Las grandes operaciones de M&A corporativo pueden tardar 18 o 24 meses. En las pymes, los equipos de decisión son pequeños, la burocracia es menor y los procesos de aprobación son más ágiles.

La due diligence es proporcional. No hay due diligence de 400 páginas para una empresa de 7 millones. La revisión es más enfocada: los últimos tres ejercicios auditados o revisados, los contratos principales, la propiedad intelectual si la hay, el estado de la propiedad inmobiliaria si es relevante, y el historial laboral. Es un proceso más manejable, aunque no por eso menos riguroso en los aspectos que realmente importan.

Cómo preparar una empresa de este segmento para la venta

La preparación para la venta debe empezar antes de que la decisión sea definitiva. Idealmente, entre dos y cuatro años antes. Los cambios que mejoran el valor de una empresa no se hacen en semanas.

Formalizar las finanzas. El primer paso es separar de forma nítida los gastos personales de los empresariales y tener los estados financieros lo más limpios y comprensibles posible. Si la empresa no tiene auditoría externa, plantéese hacer una revisión independiente de los últimos dos o tres ejercicios. El coste de unos miles de euros en auditoría se recupera con creces en credibilidad ante el comprador.

Documentar los procesos clave. ¿Cómo se incorporan los nuevos clientes? ¿Cómo se gestiona la producción? ¿Cuál es el protocolo de atención al cliente? ¿Cómo se hace el presupuesto anual? En muchas pymes, estas respuestas viven exclusivamente en la cabeza del fundador. Documentarlas en manuales o procedimientos simples tiene dos efectos: reduce la dependencia del fundador y da confianza al comprador de que el negocio puede funcionar sin él.

Reducir la concentración de clientes. Si su tres primeros clientes representan el 60% de la facturación, ese es el riesgo que el comprador verá en primer lugar. Diversificar no es fácil ni rápido, pero cualquier avance en esa dirección tiene impacto en el precio.

Fortalecer el equipo directivo. Identifique a la persona o personas que pueden gestionar las operaciones diarias sin su intervención constante. Deles responsabilidad real. Si no existe esa persona, contrate a alguien un par de años antes de la venta. El coste de ese directivo es, en términos de impacto en el precio de venta, una de las mejores inversiones que puede hacer.

Contratos en regla. Revise que los contratos con clientes principales estén vigentes y firmados (no solo verbales o por email), que los contratos laborales del equipo clave sean adecuados, y que los acuerdos con proveedores críticos estén documentados. Un comprador que encuentra contratos verbales con el cliente más importante de la empresa tendrá serias reservas sobre la solidez del negocio.

Qué busca Blue Mountain específicamente en este segmento

En Blue Mountain llevamos años trabajando específicamente en el segmento de 3 a 10 millones de facturación. Hemos aprendido a identificar el tipo de empresa que nos interesa en este tramo y a distinguirla de la que no encaja con nuestro perfil.

Nos interesan empresas con EBITDA positivo y sostenible (mínimo un 8-10% sobre facturación), con una posición competitiva clara en su mercado, en sectores que no estén en declive estructural, con un equipo que pueda crecer con apoyo. No buscamos empresas en problemas para reestructurar, aunque sí estamos dispuestos a analizar situaciones más complejas cuando los fundamentales subyacentes son sólidos.

El sector es menos determinante que los fundamentales: hemos adquirido empresas industriales, de servicios, de distribución y de tecnología industrial. Lo que buscamos es calidad del negocio, no sector específico.

Y en cuanto al fundador: entendemos que vender una empresa es la decisión más importante de una carrera empresarial. No llegamos a la primera reunión con un modelo de valoración y condiciones predefinidas. Llegamos a escuchar. A entender qué ha construido, por qué lo ha construido y qué espera del proceso. La oferta, si llega, es el resultado de semanas de conocimiento mutuo.

Para el empresario que está pensando en este proceso, el primer paso es una conversación. Sin compromiso, sin presión, con confidencialidad absoluta. Hablemos. También puede consultar nuestra herramienta de valoración para obtener una primera referencia del valor de su empresa.

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