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Guías Publicado el 10 de octubre de 2024 8 min de lectura

Valoración de la empresa familiar: más allá de los números

Por qué las empresas familiares son diferentes de valorar, qué factores intangibles afectan al precio, cómo normalizar las finanzas familiares y cómo cerrar la brecha entre el valor emocional y el valor de mercado.

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Blue Mountain Capital

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Blue Mountain Capital | | 8 min de lectura

La empresa familiar es el tipo de empresa más frecuente en el middle-market español. Según el Instituto de la Empresa Familiar, más del 85% de las empresas españolas son familiares, generan el 67% del empleo privado y representan el 57% del PIB. Sin embargo, cuando llega el momento de valorarlas para una venta o una entrada de capital, la mayoría descubre que las metodologías estándar no capturan toda la realidad.

Esta guía explora lo que hace diferente la valoración de una empresa familiar: los factores intangibles que los modelos financieros ignoran, los ajustes necesarios para normalizar unas finanzas donde lo personal y lo empresarial se mezclan, y la brecha — a veces enorme — entre lo que el fundador cree que vale su empresa y lo que un comprador está dispuesto a pagar.

Por qué las empresas familiares son diferentes

Una empresa familiar no es simplemente una empresa cuyos accionistas comparten apellido. Tiene características estructurales que afectan directamente a su valor:

La empresa y la familia están entrelazadas. Las decisiones estratégicas a menudo responden tanto a criterios empresariales como familiares. La contratación de familiares, la política de dividendos, las inversiones, la sucesión — todo está influido por la dinámica familiar.

Los límites entre lo personal y lo empresarial son difusos. El coche del fundador, el apartamento en la playa, los viajes, los seguros, las comidas — muchos gastos personales pasan por la empresa. Y muchos activos empresariales se usan para fines personales.

Las relaciones son más importantes que los procesos. El fundador conoce personalmente a cada cliente importante, a cada proveedor clave, a cada empleado. Las relaciones son el activo más valioso pero también el más difícil de transferir.

El horizonte temporal es generacional. Mientras un fondo piense en ciclos de 5-7 años, una familia empresaria piense en generaciones. Esto genera decisiones de inversión diferentes y una cultura operativa distinta.

Los factores intangibles que determinan el valor

En una empresa familiar, los factores intangibles pueden suponer el 30-50% del valor total. Ignorarlos en la valoración es un error que se paga en la negociación.

Riesgo de persona clave

Es el factor más importante y el más subestimado. Si el fundador es el alma de la empresa — el que cierra los contratos, el que conoce los procesos, el que toma todas las decisiones — su salida representa un riesgo existencial para el comprador.

El riesgo de persona clave se mide de forma práctica: ¿qué pasaría si el fundador no viniera a trabajar durante tres meses? Si la respuesta es “la empresa seguiría igual”, el riesgo es bajo. Si la respuesta es “los clientes principales se irían”, el riesgo es alto y el múltiplo se comprimirá.

Cómo reducirlo antes de la venta:

  • Contratar un director general con al menos 18 meses de rodaje.
  • Transferir relaciones con los 10-20 clientes principales al equipo comercial.
  • Documentar procesos operativos clave.
  • Crear un comité de dirección que tome decisiones sin el fundador.

Marca y reputación

Una marca reconocida en su mercado — que los clientes buscan, que los proveedores respetan, que atrae talento — es un activo real que justifica un múltiplo superior. Pero la marca de una empresa familiar suele estar vinculada al nombre del fundador, lo que crea una paradoja: la marca es valiosa pero su valor depende de una persona.

Relaciones institucionales

Las relaciones de la empresa familiar con administraciones públicas, asociaciones sectoriales, bancos y otros stakeholders institucionales son un activo intangible significativo. El problema es que suelen ser personales del fundador, no de la empresa.

Cultura y lealtad

Las empresas familiares bien gestionadas tienen niveles de lealtad de empleados, clientes y proveedores superiores a la media. Esta lealtad reduce la rotación, mejora los márgenes y aporta estabilidad. Un comprador inteligente valora esta cultura, pero también se pregunta si sobrevivirá al cambio de propiedad.

Know-how propietario

El conocimiento técnico, los procesos productivos optimizados durante décadas, las fórmulas, los métodos de trabajo — si están documentados y son transferibles, son un activo valioso. Si viven solo en la cabeza del fundador, son un riesgo.

Normalizar las finanzas familiares

La normalización del EBITDA en una empresa familiar requiere ajustes específicos que van más allá de los habituales en cualquier empresa:

Salarios familiares

El fundador y los familiares que trabajan en la empresa suelen cobrar salarios que no reflejan el valor de mercado de su función. El fundador puede cobrar 300.000 euros cuando un director general de mercado costaría 150.000. O puede cobrar 60.000 cuando su función vale 150.000. Ambos casos requieren ajuste.

Además, puede haber familiares en nómina que no realizan una función real o que realizan funciones que no justifican su remuneración. Estos costes deben normalizarse.

Gastos personales

Es el ajuste más sensible políticamente pero más necesario financieramente. Coches de alta gama, viajes que combinan trabajo y vacaciones, seguros de vida, contribuciones a planes de pensiones, gastos de representación excesivos — todo lo que no es estrictamente necesario para la operación debe identificarse y ajustarse.

Inmuebles y alquileres vinculados

Si la empresa opera en un inmueble propiedad de la familia y paga un alquiler — ya sea por encima o por debajo de mercado — el EBITDA debe ajustarse al alquiler de mercado. Si el inmueble se incluye en la operación, el tratamiento es diferente.

Operaciones entre empresas del grupo

Si hay varias empresas en el grupo familiar y existen operaciones entre ellas (servicios de gestión, alquileres, compras), estas deben analizarse y ajustarse a precios de mercado.

Ingresos o gastos no recurrentes

Litigios extraordinarios, indemnizaciones por despido atípicas, inversiones puntuales que no se repetirán, subvenciones no recurrentes — todo lo que distorsiona la imagen de rentabilidad recurrente.

La brecha entre valor emocional y valor de mercado

En nuestra experiencia comprando empresas familiares, la brecha entre lo que el fundador cree que vale su empresa y lo que el mercado está dispuesto a pagar oscila entre un 20% y un 80%. A veces el fundador infravalora; la mayoría de las veces, sobrevalora.

Las causas de la sobrevaloración son emocionales:

El legado. “Esta empresa es mi vida. Treinta años de trabajo, sacrificio, noches sin dormir”. El comprador respeta ese esfuerzo pero no lo traduce en euros.

El potencial. “Si alguien invirtiera en maquinaria nueva y contratara un equipo comercial de verdad, esta empresa facturaría el triple”. Quizá. Pero el comprador no paga por el potencial no ejecutado.

Las comparaciones. “Mi vecino vendió su empresa — que es peor que la mía — por 8 millones”. Sin conocer los detalles de esa operación, la comparación no tiene valor.

El orgullo. Aceptar una valoración inferior a la esperada se siente como un juicio negativo sobre su trabajo. No lo es: es simplemente lo que el mercado paga por esa combinación de riesgo y rentabilidad.

Cómo cerrar la brecha

  1. Información. Lee sobre valoración de empresas y múltiplos de valoración. Cuanto más informado esté, más realistas serán sus expectativas.

  2. Valoración independiente. Encarga una valoración a un profesional que no tenga interés en que el número sea alto ni bajo.

  3. Conversaciones exploratorias. Hable con dos o tres compradores potenciales — sin compromiso — para testear el mercado real.

  4. Tiempo. Si la brecha es muy grande, quizá necesita dos o tres años para aumentar el valor real de la empresa hasta acercarlo a sus expectativas. Esto es legítimo y a menudo es la mejor decisión.

Pasos prácticos para preparar la valoración

  1. Audita las cuentas de los últimos tres años si no lo has hecho.
  2. Normaliza el EBITDA con los ajustes familiares que hemos descrito.
  3. Evalúa el riesgo de persona clave honestamente.
  4. Identifica y cuantifica los activos intangibles transferibles.
  5. Resuelve contingencias que puedan afectar al precio.
  6. Encarga una valoración profesional si está considerando una operación.

Nuestra experiencia valorando empresas familiares

En Blue Mountain Capital hemos valorado y adquirido decenas de empresas familiares en el middle-market español. Sabemos que detrás de cada balance hay una historia familiar, y tratamos esa historia con el respeto que merece.

Pero también somos rigurosos con los números. Nuestro trabajo es encontrar el punto de equilibrio entre lo que la empresa vale para el mercado y lo que necesita el fundador para sentir que la operación ha sido justa. Ese equilibrio existe en la mayoría de los casos — simplemente hay que encontrarlo con transparencia, paciencia y profesionalidad.

Si quiere conocer el valor de su empresa familiar, contacte con nosotros para una conversación confidencial.


Véase también: ¿Cuánto vale mi empresa?, La empresa familiar: radiografía, Valoración de empresas: métodos y factores clave.

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