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Perspectivas Publicado el 3 de diciembre de 2024 6 min de lectura

Anatomía de una reestructuración: caso tipo

Describimos la reestructuración tipo de una empresa del middle-market español: desde el diagnóstico inicial hasta la estabilización, pasando por las decisiones más difíciles que hay que tomar.

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Blue Mountain Capital

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Blue Mountain Capital | | 6 min de lectura

Las reestructuraciones empresariales son la parte menos glamurosa de la inversión. No hay presentaciones elegantes, ni champán al cierre, ni titulares positivos. Hay trabajo duro, decisiones difíciles, conversaciones incómodas y una incertidumbre que se prolonga durante meses.

Sin embargo, las reestructuraciones son una de las actividades que más valor generan en el middle-market. Rescatar una empresa viable de una situación de dificultad financiera crea valor para todas las partes: para los empleados que conservan su trabajo, para los acreedores que recuperan una parte significativa de su deuda, para los clientes que mantienen su proveedor y para el inversor que adquiere un activo infravalorado.

Este artículo describe la anatomía de una reestructuración tipo, anonimizada pero basada en situaciones reales que hemos gestionado.

El punto de partida

La empresa: una compañía industrial con 120 empleados, facturación de 18 millones de euros y un EBITDA que ha caído de 2 millones a 400.000 euros en tres años. La deuda financiera asciende a 8 millones de euros, equivalente a 20 veces el EBITDA actual. El fundador, de 65 años, está agotado y reconoce que la situación le supera.

Las causas del deterioro son múltiples y, como suele ocurrir, entrelazadas: pérdida de un cliente importante (25% de la facturación), inversión en una línea de producto que no ha funcionado, incremento de costes no trasladados a precios, y una estructura organizativa que no se ha adaptado a la nueva realidad.

Fase 1: Diagnóstico (semanas 1-4)

Las primeras cuatro semanas las dedicamos a entender la situación real. No la que nos ha contado el fundador — que suele ser parcial e involuntariamente optimista — sino la que revelan los números, las conversaciones con el equipo y la observación directa de la operación.

Análisis financiero. Reconstruimos la cuenta de resultados eliminando partidas extraordinarias y normalizando ajustes para entender cuál es la capacidad real de generación de caja de la empresa. Analizamos la evolución mensual de la tesorería para identificar el cash burn rate y calcular cuánto tiempo tiene la empresa antes de quedarse sin liquidez.

Análisis operativo. Visitamos las instalaciones, hablamos con los responsables de cada área, analizamos los procesos productivos, revisamos la cartera de clientes y evaluamos la posición competitiva. Buscamos las ineficiencias, los cuellos de botella y las oportunidades de mejora rápida.

Evaluación del equipo. Identificamos quiénes son las personas clave y evaluamos su disposición a continuar en un escenario de reestructuración. Si las personas clave se van, la reestructuración se complica exponencialmente.

Mapa de acreedores. Identificamos a todos los acreedores, cuantificamos sus créditos, evaluamos su posición jurídica y estimamos su disposición a negociar.

Al final de esta fase, tenemos una respuesta a la pregunta fundamental: ¿hay un negocio viable debajo de la crisis financiera? Si la respuesta es no, no invertimos. Si la respuesta es sí, diseñamos el plan.

Fase 2: Estabilización (semanas 4-12)

La estabilización tiene un objetivo simple: evitar que la empresa se desplome mientras se negocia la solución definitiva. Las medidas son:

Inyección de liquidez. Aportamos el capital necesario para que la empresa pueda pagar nóminas, proveedores críticos y obligaciones fiscales. No todo — no hay suficiente dinero para pagar todo a todo el mundo — sino lo imprescindible para mantener la actividad.

Comunicación. Comunicamos a los stakeholders clave — empleados, proveedores principales, clientes importantes — que hay un plan y que hay un inversor comprometido. La comunicación es transparente pero medida: suficiente para generar confianza, insuficiente para crear pánico.

Medidas de ahorro inmediato. Cancelamos gastos prescindibles, renegociamos contratos que podemos renegociar rápidamente y suspendemos inversiones no esenciales. No cortamos empleo en esta fase — no tenemos suficiente información para saber dónde cortar — pero sí congelamos contrataciones.

Gestión de tesorería centralizada. Asumimos el control de la tesorería con un sistema de pagos aprobados que prioriza los compromisos críticos para la continuidad de la actividad.

Fase 3: Negociación con acreedores (semanas 8-20)

Simultáneamente a la estabilización, iniciamos la negociación con los acreedores financieros. El objetivo es reestructurar la deuda de forma que sea sostenible para la empresa en su nuevo escenario de resultados.

La propuesta tipo incluye: quita parcial de la deuda (generalmente entre el 30% y el 50% del nominal), espera de las cuotas durante el periodo de estabilización, ampliación del plazo de amortización y, en algunos casos, conversión de una parte de la deuda en un instrumento participativo.

La negociación es compleja porque los intereses de los distintos acreedores no están alineados: el banco con garantía hipotecaria tiene una posición diferente al que tiene un crédito quirografario, y ambos tienen posiciones distintas al proveedor que es acreedor involuntario.

La credibilidad del inversor es crucial en esta fase. Los acreedores necesitan creer que hay un plan viable y que el inversor tiene la capacidad y la voluntad de ejecutarlo. Nuestra trayectoria en reestructuraciones previas nos ayuda a generar esa credibilidad.

Fase 4: Plan de recuperación (meses 6-24)

Una vez estabilizada la situación y acordada la reestructuración de la deuda, implementamos el plan de recuperación operativa:

Foco comercial. Recuperar y diversificar la cartera de clientes es la prioridad número uno. Incorporamos un responsable comercial con experiencia en el sector y diseñamos una estrategia de captación que reduce la dependencia de clientes individuales.

Optimización de costes. Con el diagnóstico completado, podemos identificar dónde están las ineficiencias reales y actuar sobre ellas de forma quirúrgica, no indiscriminada.

Inversión selectiva. Reinvertimos en las áreas que generan ventaja competitiva: maquinaria, tecnología, formación del personal. Lo hacemos de forma medida, porque la empresa aún no tiene margen para inversiones agresivas.

Profesionalización de la gestión. Incorporamos las funciones de gestión que faltaban: control financiero, reporting mensual, sistema de objetivos y seguimiento.

El resultado tipo

Las reestructuraciones bien ejecutadas producen resultados que justifican sobradamente el esfuerzo. Dos a tres años después de la intervención, la empresa tipo muestra una facturación recuperada o superior a la original, con márgenes mejorados gracias a la base de costes optimizada y a la cartera de clientes diversificada. La deuda es sostenible, el equipo está motivado y la empresa tiene una base sólida para crecer.

No todas las reestructuraciones salen bien. Algunas fracasan porque el negocio subyacente no era viable, porque el mercado se deterioró más de lo esperado o porque no se consiguió retener al equipo clave. El riesgo es real y lo asumimos con los ojos abiertos.

Pero cuando funciona — y funciona más veces de las que no — la satisfacción es difícilmente comparable con cualquier otra actividad inversora.

Si quiere saber cómo aplica esto a su caso concreto, contacte con nosotros.

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