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Perspectivas Publicado el 2 de mayo de 2023 6 min de lectura

El EBITDA como indicador: utilidad y limitaciones

El EBITDA se ha convertido en la métrica reina del M&A, pero usarlo sin criterio puede llevar a errores de valoración graves. Analizamos su utilidad real y sus trampas más frecuentes en el middle-market.

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Blue Mountain Capital

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Blue Mountain Capital | | 6 min de lectura

Si hay una sigla que domina el mundo de las operaciones de compraventa de empresas, es EBITDA. Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation and Amortization — o, en español, beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones.

El EBITDA se ha convertido en la métrica universal del M&A. Las empresas se valoran como “X veces EBITDA”. Los asesores hablan de “múltiplos de EBITDA”. Los empresarios que consideran vender se preguntan “¿cuántas veces EBITDA puedo conseguir?”.

Y, sin embargo, el EBITDA tiene limitaciones serias que, en el middle-market español, pueden llevar a errores de valoración significativos.

Por qué el EBITDA se usa tanto

El EBITDA se popularizó porque elimina factores que distorsionan la comparabilidad entre empresas.

Intereses. Al excluir el coste financiero, el EBITDA permite comparar empresas con distintos niveles de endeudamiento. Una empresa con mucha deuda y otra sin deuda pueden tener beneficios netos muy distintos pero EBITDA similares, si su capacidad operativa es similar.

Impuestos. Al excluir impuestos, el EBITDA neutraliza las diferencias fiscales entre jurisdicciones y las variaciones derivadas de deducciones, créditos fiscales o bases imponibles negativas.

Depreciaciones y amortizaciones. Al excluir estos gastos contables no monetarios, el EBITDA se aproxima al flujo de caja operativo de la empresa. Una empresa que invirtió fuertemente en activos fijos y tiene amortizaciones altas puede parecer poco rentable en beneficio neto pero tener un EBITDA saludable.

Estas exclusiones hacen del EBITDA una proxy útil de la capacidad de generación de caja de la empresa. Y en el M&A, lo que el comprador compra es, en último término, la capacidad de la empresa de generar caja en el futuro.

Las limitaciones en el middle-market

Dicho esto, el EBITDA tiene problemas serios cuando se aplica a pymes españolas sin ajustes ni contextualización.

La trampa de las amortizaciones

Excluir las amortizaciones tiene sentido si la empresa no necesita invertir para mantener su capacidad productiva. Pero en muchos negocios — transporte, industria, hostelería — las inversiones de mantenimiento (CAPEX de mantenimiento) son una realidad ineludible. Un camión tiene una vida útil limitada. Una máquina industrial se desgasta. Un hotel necesita renovación periódica.

Si valoramos estas empresas sobre EBITDA sin considerar el CAPEX de mantenimiento, estamos sobrestimando su capacidad de generación de caja libre. El indicador correcto sería el EBITDA menos el CAPEX de mantenimiento, lo que a veces se denomina “cash EBITDA” o, más formalmente, el flujo de caja libre operativo.

En nuestra experiencia, la diferencia entre el EBITDA y el flujo de caja libre operativo en empresas intensivas en activos puede ser del 20-40%. Es decir, si compras a 6x EBITDA, en realidad está comprando a 8x-10x flujo de caja libre. Una diferencia nada trivial.

El EBITDA de una pyme no es comparable

Los múltiplos que circulan en el mercado — “las logísticas se venden a 6-8x”, “la hostelería está a 8-10x” — se basan, en su mayoría, en transacciones de empresas de cierto tamaño, con EBITDA de 10 millones o más. Aplicar esos múltiplos a una empresa con EBITDA de 1 o 2 millones es un error frecuente.

Las empresas más pequeñas merecen múltiplos más bajos por varias razones: mayor riesgo de concentración (de clientes, de personas clave), menor liquidez en caso de necesitar vender, menor capacidad de atraer talento directivo, mayor vulnerabilidad ante cambios regulatorios o de mercado. La prima de tamaño — o, más precisamente, el descuento por pequeño tamaño — es real y significativa.

Los ajustes que cambian todo

El EBITDA reportado de una pyme familiar rara vez es el EBITDA real desde la perspectiva del comprador. Los ajustes más habituales incluyen:

Retribución del fundador. Si el fundador cobra 40.000 euros de salario pero un director general de mercado cobraría 120.000, el EBITDA ajustado se reduce en 80.000 euros.

Gastos personales. Vehículos, viajes, seguros, contribuciones a planes de pensiones — elementos que son gasto de la empresa pero beneficio personal del fundador.

Alquileres vinculados. Si la empresa paga alquiler a un inmueble propiedad del fundador y ese alquiler está por encima o por debajo de mercado, el ajuste es necesario.

Contratos con partes vinculadas. Proveedores que son empresas del fundador, clientes que son familiares, servicios de asesoría facturados por la gestoría del cuñado. Todos necesitan revisarse para determinar si los precios son de mercado.

Inversiones pospuestas. Si la empresa ha pospuesto inversiones de mantenimiento para presentar un EBITDA más alto de cara a la venta, ese “ahorro” es ficticio y debe ajustarse.

La suma de estos ajustes puede cambiar el EBITDA en un 30% o más, en cualquier dirección. De ahí que el proceso de normalización sea tan importante y tan debatido en cualquier negociación.

Alternativas y complementos

El EBITDA es útil como punto de partida, pero debería complementarse con otras métricas.

Flujo de caja libre (FCF). EBITDA menos CAPEX de mantenimiento, menos variación de capital circulante, menos impuestos. Es la medida más precisa de lo que la empresa genera realmente para sus propietarios.

EBITDA recurrente. EBITDA excluyendo ingresos y gastos claramente no repetibles: un proyecto puntual, una indemnización recibida, un gasto extraordinario de reestructuración.

Margen de contribución por cliente. Especialmente relevante en empresas de servicios, donde no todos los clientes son igualmente rentables. Un EBITDA atractivo que depende de dos clientes muy rentables y diez que no lo son es mucho más frágil que un EBITDA similar distribuido entre cincuenta clientes.

ROIC (Return on Invested Capital). Mide cuánto retorno genera la empresa por cada euro de capital invertido. Una empresa con EBITDA alto pero que necesita enormes cantidades de capital invertido (activos fijos, capital circulante) puede ser menos atractiva que una empresa con EBITDA menor pero más eficiente en el uso del capital.

El consejo práctico

Para el empresario que prepara su empresa para una posible venta: conoce su EBITDA ajustado. No el que aparece en la cuenta de resultados, sino el que un comprador calculará. Si puede anticipar y documentar los ajustes antes de que el comprador los haga, ganarás credibilidad y posición negociadora.

Para el comprador: nunca compres una empresa basándote solo en el EBITDA. Mira el flujo de caja libre, mira la calidad de los ingresos, mira las necesidades de inversión y mira los riesgos de concentración. El EBITDA es la puerta de entrada al análisis, no la conclusión.

Si está considerando el futuro de su empresa, le escuchamos.

Dirk Manuel Martens Jiménez Fundador, Blue Mountain Capital

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