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Guías Publicado el 1 de diciembre de 2023 7 min de lectura

Vender parte de mi empresa: cuándo tiene sentido y cuándo no

No siempre hay que vender el 100% para monetizar el trabajo de décadas o conseguir el capital que la empresa necesita. Esta guía explica las opciones de venta parcial, sus implicaciones reales y cuándo no tienen sentido.

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Blue Mountain Capital

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Blue Mountain Capital | | 7 min de lectura

“Quiero crecer pero no quiero perder el control.” “Quiero sacar algo de liquidez personal pero seguir al frente de la empresa.” “Necesito un socio que ponga capital y contactos, no uno que me diga cómo hacer mi trabajo.”

Estas son las frases que más escuchamos de los empresarios que están contemplando una venta parcial de su empresa. La idea de vender el 100% genera resistencia —emocional, práctica— en muchos fundadores. La venta parcial parece una solución intermedia: consigues algo de lo que quiere sin renunciar a todo lo demás.

Esta guía explica cuándo la venta parcial realmente funciona, cuáles son sus implicaciones reales (incluyendo las que nadie te cuenta antes de firmar), y cuándo, honestamente, una venta total tiene más sentido.

Qué es una venta parcial y qué formas puede tomar

Una venta parcial es la transmisión de una parte de las participaciones o acciones de una empresa a un inversor externo, manteniendo el fundador o los accionistas actuales el resto.

Las formas más habituales son:

Entrada de capital nuevo (ampliación de capital). La empresa emite nuevas participaciones y las vende al inversor. El dinero entra en la empresa, no en el bolsillo del fundador. Se usa para financiar crecimiento: nueva maquinaria, expansión geográfica, adquisiciones. El fundador no cobra ahora, pero si la empresa crece con ese capital, sus participaciones restantes valdrán más.

Venta de participaciones existentes (secundaria). El fundador vende parte de sus propias participaciones al inversor. El dinero va directamente al fundador, no a la empresa. Se usa para que el empresario obtenga liquidez personal sin vender el total. La empresa no recibe capital nuevo, pero el fundador puede diversificar su patrimonio y tener dinero en el bolsillo.

Combinación de ambas. Lo más frecuente en la práctica: parte del dinero va a la empresa como capital de crecimiento y parte va al fundador como liquidez personal. Ambas partes obtienen algo.

Por qué los inversores prefieren el 100%

Seré directo en este punto, porque no le ayuda que se lo oculte.

La mayoría de los inversores financieros —incluyendo nosotros en Blue Mountain— prefieren adquirir el 100% de la empresa. Las razones son prácticas:

Simplicidad de gestión. Cuando es el único propietario, toma las decisiones con agilidad. Cuando tiene un socio con el 40%, cada decisión importante requiere acuerdo. Eso ralentiza la empresa y crea fricción.

Alineación de incentivos. Con el 100%, el inversor puede diseñar el plan de incentivos del equipo directivo como quiera. Con un socio fundador que tiene el 60%, las decisiones sobre retribución y equity del management se vuelven negociaciones.

Salida más limpia. Cuando llega el momento de vender, vender el 100% es más sencillo que vender una participación parcial. Los compradores prefieren adquirir empresas sin socios minoritarios complicados.

Dicho esto, reconocemos que hay situaciones donde la venta parcial tiene sentido genuino, y estamos dispuestos a explorarlas.

Cuándo la venta parcial sí tiene sentido

Capital de crecimiento con fundador operativo excepcional

Si el fundador es el factor diferencial de la empresa —el que tiene las relaciones comerciales clave, el que sabe hacer el producto mejor que nadie, el que los clientes siguen a él— una venta parcial puede ser la forma correcta de escalar. El inversor aporta capital y estructura; el fundador aporta lo que no se puede comprar. En estos casos, la partnership puede crear mucho más valor que una venta total.

Liquidez parcial sin dejar la empresa

El fundador tiene 55 años, la empresa vale 10 millones, y el 90% de su patrimonio está en esa empresa. Vender el 30% le permite diversificar, dormir más tranquilo, y seguir haciendo lo que le gusta cinco o diez años más. Esta es una razón perfectamente válida para una venta parcial.

Preparación para una venta total futura

En algunos casos, la entrada de un inversor minoritario tiene como objetivo explícito preparar la empresa para una venta total en tres a cinco años: profesionalizar la gestión, mejorar el reporting, ordenar el gobierno corporativo, resolver los temas pendientes. El inversor entra sabiendo que su objetivo es hacer la empresa más vendible, y el fundador entra sabiendo que en unos años se hará la venta total. Si ambos están alineados en ese objetivo desde el inicio, puede funcionar muy bien.

Lo que nadie te cuenta antes de firmar

Los derechos de veto son más importantes que el porcentaje

Un inversor con el 25% y derechos de veto amplios tiene más poder real que un fundador con el 75% cuyos estatutos no contemplan esos derechos. Lee con atención qué decisiones requieren el acuerdo del inversor: cambios de estrategia, endeudamiento superior a X, incorporación de directivos, distribución de dividendos, operaciones con partes vinculadas… La lista puede ser larga.

El gobierno corporativo cambia

Con un socio inversor, la empresa necesita consejo de administración real, informes de gestión periódicos, presupuestos anuales aprobados, y procesos formalizados de toma de decisiones. Esto es bueno para la empresa, pero puede sentirse como una pérdida de agilidad y autonomía para el fundador que está acostumbrado a decidir solo. Es importante anticipar ese cambio cultural.

El horizonte de salida del inversor no siempre coincide con el tuyo

Un fondo de capital riesgo tiene un horizonte de inversión de cuatro a seis años. Si en ese momento el mercado no es favorable o la empresa no ha alcanzado los objetivos, puede haber presión para vender en condiciones subóptimas. Los inversores de capital paciente —como family offices o inversores de largo plazo— tienen horizontes más largos, lo que suele ser más compatible con las preferencias del fundador.

La valoración de salida puede no ser la que esperaba

Cuando entra con un inversor que tiene derechos de arrastre (drag-along), él puede obligarle a vender cuando encuentre un comprador en las condiciones acordadas. Eso puede ser en tres años, cuando usted todavía no estaba listo, o puede ser a un precio que cumple los retornos del inversor pero que a usted le parece insatisfactorio. Negociar bien los mecanismos de salida desde el inicio es tan crítico como negociar el precio de entrada.

Preguntas para hacerse antes de buscar un socio parcial

  1. ¿Para qué necesito realmente al socio? ¿Capital, contactos, gestión, liquidez personal?
  2. ¿Podría conseguir eso de otra forma? ¿Deuda bancaria, socios operativos, préstamo participativo?
  3. ¿Estoy dispuesto a tener un consejo de administración real y reportar mis resultados mensualmente?
  4. ¿Mis objetivos de salida futura son compatibles con los del inversor?
  5. ¿Tengo claro lo que significa ceder derechos de veto y he negociado bien su alcance?

Si las respuestas a estas preguntas son positivas, la venta parcial puede ser una excelente decisión. Si alguna genera dudas, vale la pena explorar alternativas antes de comprometerse.

Qué hacemos nosotros

En Blue Mountain preferimos adquirir el 100% de las empresas, pero somos pragmáticos. Si tiene una empresa sólida entre 3 y 50 millones de facturación y el escenario que busca es una entrada parcial con perspectiva de venta total en el medio plazo, podemos tener esa conversación.

Lo que no hacemos es entrar como inversor minoritario pasivo sin perspectiva de control. No somos un fondo de deuda ni un business angel. Si entendemos una situación donde la entrada parcial tiene sentido y podemos añadir valor real como socio, lo exploramos. Si no, se lo decimos con claridad.

Para conocer nuestro enfoque de inversión con más detalle, puede leer sobre nuestro proceso en /es/inversion/relevo-generacional/ o contactar directamente en /es/contacto/.

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